Comentaba el magnate Rhodes que prefería invertir en diamantes cuya demanda se basaba en la coquetería de las mujeres que en el oro que se basaba en la ineptitud de dotarse de un sistema monetario adecuado.
El
blog del Mises.org se hace eco de la extrañeza de un analista de cómo es posible que el oro cotice a 700 dólares cuando su coste de extracción es de 350 dólares.
El oro se ha convertido en un valor refugio de personas a las que el oro no les proporciona más utilidad que como
pisapapeles. Estos inversores suponen que cuando lo quieren vender habrá otros que deseen sus pisapapeles. Se trata de una operación similar a aquellos inversores en sellos que no eran coleccionistas sino que simplemente los compraban con vistas a poder venderlos a coleccionistas o a otros inversores desinteresados como ellos en los sellos.
En esta situación el oro y los sellos actúan como depósitos de valor. Algo que se refuerza ante la depreciación de las monedas estatales.
La gran diferencia entre la cotización del oro y su coste de extracción muestra la escasez de productos sustitutivos como depósito de valor. Pero seguir confiando en los pisapapeles como reserva de valor no hace más que inflar una burbuja que explotará cuando se permita la
emisión de dinero privado.
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