Me sorprende la escasa atención mostrada en nuestro país de la felonía cometida por Estados Unidos, la Unión Europea y el gobierno español. Acaban de anunciar que reconocerán la soberanía unilateral de la región serbia de Kosovo.
Como liberal
nunca me han preocupado las reclamaciones nacionalistas. Como defensor de un Estado mínimo reconozco la democracia como un sistema adecuado para la toma de las escasas competencias que le corresponden. El problema surge en determinar qué conjunto territorial forma las fronteras de ese Estado.
Rousseau o
Nozick fueron incapaces de hallar una respuesta adecuada.
Por eso parece cobrar sentido el respeto a la legislación vigente. Si en la actualidad un conjunto de población es soberano,
ese conjunto es el que debería decidir la ampliación o disminución de sus fronteras. Excepto si el actual conjunto supone un recorte de las libertades de una determinada minoría como ocurrió en los Estados Unidos de los fundadores o en la actual Taiwán. Algo inaplicable a los casos de Kosovo, Cataluña o Vascongadas.
La alternativa abre la puerta y legítimina el terrorismo y la limpieza étnica de los nacionalistas para lograr sus objetivos. Con el reconocimiento de Kosovo se quiebra el respeto de la ley y de la democracia mediante la ocupación militar de un territorio por parte de las potencias.
Lo más grave es que la medida es tan arbitraria como que a pocos kilómetros de Kosovo se está ahogando la autonomía de la República Serbia de Bosnia con el objetivo de aumentar el centralismo de la federación bosnia. Cuando siguiendo el ejemplo kosovar se le debería permitir la independencia o su inclusión en Serbia.
Aún más indefendible es la posición española. Recurrir a cuestiones étnicas en la Europa del siglo XXI resulta sonrojante. El caso de Kosovo es exactamente idéntico al vasco o el catalán y no existe ningún argumento para diferenciarlos.
No se trata de un derecho de
autoderminación. Inexistente porque siempre nos encontraríamos ante el
problema de definir el conjunto de población que debe tomar la decisión. Únicamente sería defendible la
autodeterminación a nivel individual.
Estados Unidos y la Unión Europea han enterrado el respeto a la ley y encendido la mecha de los conflictos nacionalistas.
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