Existen varios ranking que evalúan la libertad económica de los países donde se puede comprobar que existe una relación entre la libertad existente y el grado de prosperidad de sus ciudadanos.
En muchos casos dicha libertad se logra evitando que el Estado se inmiscuya en los asuntos económicos. Eso nos podría llevar a una sencilla ecuación: si cuanto menos Estado, más libertad y más prosperidad; entonces nada de Estado nos llevaría a la máxima libertad y a la máxima prosperidad.
Pero que el Estado no se deba meterse en diferentes asuntos no significa que no deba hacerlo en ninguno. El papel del Estado es claro: proveer de seguridad jurídica. Resulta desastroso para la libertad y prosperidad que haga más o que haga menos.
Resulta interesante comprobar los indicadores sobre calidad de las instituciones gubernamentales. Uno de ellos es el
índice de Estado de Derecho donde los países con un valor más alto son aquellos más desarrollados y más libres.
Así Suiza obtiene un 99,5% y EE.UU. obtiene un 91,8%. Nigeria, en cambio, logra un mísero 5,8%; Burundi 4,3%; y Etiopía 16,4%. Los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) —30 países desarrollados de ingresos altos— tienen una puntuación promedio de 90%, mientras que el África Sub-Sahariana tiene una puntuación de 28%.
Otra medida de la calidad del Estado de Derecho es el estudio del Banco Mundial sobre
el coste y el tiempo necesario para hacer cumplir un contrato. Ahí nos encontramos que en Timor Este se tarda 1.800 días y con un coste del 163% del importe reclamado. Mientras en Luxemburgo se tarda 321 días con un coste del 8,8% y en Estados Unidos se tarda 300 días con un coste de 9,4%.
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