Manuel Conthe utiliza la
ley de Hotelling en
su columna de esta semana en Expansión para mostrar las ventajas de Gallardón como candidato popular. Hotelling mostró cómo los productores tienden a que sus productos sean lo más similares posibles. Dicha ley se traduce en política en la
teoría del voto en la mediana, que no es más que el dichoso sanbenito que las elecciones se ganan en el centro. Y el centro no es más que la postura equidistante entre los extremos y donde se encuentra la mayor cantidad de votantes si consideramos que el electorado tiene una distribución normal.
Gallardón recibe una alta valoración entre el electorado general pero que desciende entre los votantes del PP. Comenta Conthe que el éxito de un candidato se encuentra en identificarse con los electores, no con la militancia de un partido o los votantes ya convencidos que siempre se hallarán lejos de la mediana.
Pero se olvida del
caso “Coke”. ¿Se acuerdan? A mediados de los ochenta, Coca-cola comprueba que Pepsi aumenta espectacularmente sus ventas en parte por su sabor más dulce. Los responsables de la compañía deciden cambiar la fórmula de la famosa bebida denominándola Coke para hacerla más dulce y más similar a la Pepsi. Resultado: a los consumidores de la antigua fórmula les desagrada el nuevo sabor mientras los consumidores de Pepsi siguen prefiriendo la bebida de Nueva York. Ante el fracaso, casi inmediatamente recupera la antigua fórmula y la vende como “Coca-cola Classic”. Las bebidas de la nueva Coke fueran tan ínfimas que al poco tiempo deja de comercializarse.
Algo parecido ocurre con Gallardón. Agrada a gente que nunca votaría al PP mientras desagrada a gente que sí votaría al PP y genera rechazo en muchos votantes populares. Colocarlo como cartel electoral provocaría el mismo efecto que la Coke. No lo votarían muchos de los votantes del PP por desagradarles el político madrileño y los que tan bien le puntúan en las encuestas tampoco lo votarían porque nunca lo harían al PP. Un fracaso anunciado.
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