Tal vez aprovechando las últimas turbulencias financieras vuelve de actualidad el viejo “patrón oro” y
viejos conocidos han vuelto a salir en su defensa. Incluso el diario Expansión nos muestra hoy la pérdida de poder adquisitivo de la peseta-euro frente al oro. La conclusión es que si en vez de euros tuviéramos oro no habríamos sufrido esa pérdida. Pero es que el petróleo también ha mantenido su valor frente al descenso de la peseta-euro. ¿Significa eso que también es recomendable un “patrón petróleo”?
El oro se convirtió en moneda porque satisfacía mejor una misión: facilitar los intercambios comerciales. De esta manera sustituyó al cacao, a la sal, al cobre, a las conchas del mar e incluso a la plata. Hace tiempo que ya no es el mejor. De la misma manera que las diligencias dieron paso al tren o al automóvil para transportarnos de un lado a otro, existen otras herramientas que nos hacen más cómodos los intercambios.
Pero las ventajas de los nuevos medios de pago tienen también alguna desventaja. La principal es que son medios de pago controlados por el Estado, que como es habitual en él lo gestiona de una manera penosa.
Aún así, los medios fiduciarios son tan ventajosos que el público lo sigue utilizando. Por esa razón existen alternativas para
privatizar el dinero fiduciario o establecer un “patrón oro” pero sin oro. Es la emisión descontrolada del dinero estatal lo que hace depreciarse y no su carácter fiduciario.
Lo que hace inviable un dinero electrónico respaldado por oro o por petróleo es su elevadísimo coste. Imagínese el lector que en el mercado hay dos tipos de GPS. Uno que viene con los mapas de Europa y Burundi que cuesta el doble que otro que solo lleva los mapas de Europa. ¿Cuál cree que preferiría el público español? El segundo porque es más barato y le aporta lo que verdaderamente le interesa. Lo mismo ocurriría con un dinero fiduciario con una masa monetaria controlada, aporta estabilidad al público sin el coste del patrón mercancía.
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