La hipotética incompatibilidad del ser humano con el Estado planteada por Jesús Huerta de Soto supongo que venga dada por el afán de aprovecharse del trabajo ajeno que ya advertía Bastiat cuando afirmaba que todo el mundo quería vivir del Estado pero no se daban cuenta que era el Estado el que vivía a costa de todo el mundo. El Estado es como un gigantesco
timo de la estampita.
¿Pero quién “vive” realmente a costa del Estado? Los políticos sin duda. Ellos son los nobles del nuevo régimen. Ya lo dice la sabiduría popular: “el que parte y reparte, se lleva la mejor parte”. Y la gente lo sabe. A pesar de las cortinas de humo, como los 2.500€ para recién nacidos con los que nos intentan distraer, la gente sabe perfectamente que los grandes beneficiados del cotarro son los políticos como podemos ver todos con los sueldos y concejales liberados tras las elecciones municipales. El problema reside que lo ven como algo inevitable. Como los vasallos del Antiguo Régimen que veían como designo divino su condición y el pago de la renta feudal, la gente asume como inevitable la actual democracia.
El rechazo a los políticos es algo palpable en nuestra sociedad a pesar del absoluto oscurantismo respecto a la situación confiscatoria de los impuestos que padecemos. Por lo tanto la solución es extirpar a esa nueva nobleza que se ha arrogado de nuevos privilegios explotando al resto de la población gracias a la fuerza coercitiva de sus fuerzas de seguridad.
Hay que tomar de nuevo la Bastilla, hay que tirar por la borda el té otra vez y hay que repetir el derribo del muro de Berlín. Hay que echar a los políticos de la política. O también podemos apoyar a movimientos como
ciudadanos en blanco que se presentan a las elecciones para dejar vacíos sus escaños.
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