Borja ha planteado un entretenido
dilema denominado del mayordomo con el trasfondo de la legitimidad de la propiedad privada. No sobre su ilegitimidad por los seguidores de
Proudhon sino de su hiperlegitimidad que impide en cualquier modo su pérdida a manos del Estado.
Algo parecido al caso del mayordomo lo planteaba
Hume en su Investigación sobre los principios de la moral exponiendo un tema de herencia similar al caso del mayordomo:
Las riquezas heredadas de un padre son, en las manos de un malvado, el instrumento del daño. El derecho de sucesión puede en un caso ser perjudicial. Su beneficio surge únicamente de la observancia de la regla general; y esto es suficiente si de este modo se compensan todos los males e inconvenientes que provienen de caracteres y situaciones particulares.
También ocurre con la transmisión de los títulos de propiedad:
Despojan sin ningún escrúpulo a un hombre benéfico de todas sus posesiones si se adquirieron erróneamente, sin un título adecuado; y ello con vistas a dárselas a un avaro egoísta que ya ha amontonado inmensos depósitos de riquezas superfluas.
Y nos recuerda:
La utilidad pública requiere que la propiedad sea regulada de acuerdo con reglas generales e inflexibles; y aunque se adopten las reglas que mejor sirvan a este fin de la utilidad pública, resulta imposible que eviten todos los infortunios particulares.
Pero dicho todo esto también nos plantea otro dilema:
¿Es un crimen, después de un naufragio, hacerse con cualesquiera medios o instrumentos para nuestra salvación de que podamos echar mano, y ello sin tener en cuenta las restricciones que establecía el derecho de propiedad?
A lo que añado: ¿tenemos que poner en peligro nuestra libertad y nuestras propiedades por esa hiperlegitimidad ancap de la propiedad?
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