martes, 08 de mayo de 2007
Borja ha planteado un entretenido dilema denominado del mayordomo con el trasfondo de la legitimidad de la propiedad privada. No sobre su ilegitimidad por los seguidores de Proudhon sino de su hiperlegitimidad que impide en cualquier modo su pérdida a manos del Estado.

Algo parecido al caso del mayordomo lo planteaba Hume en su Investigación sobre los principios de la moral exponiendo un tema de herencia similar al caso del mayordomo:

Las riquezas heredadas de un padre son, en las manos de un malvado, el instrumento del daño. El derecho de sucesión puede en un caso ser perjudicial. Su beneficio surge únicamente de la observancia de la regla general; y esto es suficiente si de este modo se compensan todos los males e inconvenientes que provienen de caracteres y situaciones particulares.

También ocurre con la transmisión de los títulos de propiedad:

Despojan sin ningún escrúpulo a un hombre benéfico de todas sus posesiones si se adquirieron erróneamente, sin un título adecuado; y ello con vistas a dárselas a un avaro egoísta que ya ha amontonado inmensos depósitos de riquezas superfluas.

Y nos recuerda:

La utilidad pública requiere que la propiedad sea regulada de acuerdo con reglas generales e inflexibles; y aunque se adopten las reglas que mejor sirvan a este fin de la utilidad pública, resulta imposible que eviten todos los infortunios particulares.

Pero dicho todo esto también nos plantea otro dilema:

¿Es un crimen, después de un naufragio, hacerse con cualesquiera medios o instrumentos para nuestra salvación de que podamos echar mano, y ello sin tener en cuenta las restricciones que establecía el derecho de propiedad?

A lo que añado: ¿tenemos que poner en peligro nuestra libertad y nuestras propiedades por esa hiperlegitimidad ancap de la propiedad?

Tags: Propiedad, Estado

Publicado por coase @ 13:31  | Ideas
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Comentarios
Publicado por rojobilbao
martes, 08 de mayo de 2007 | 16:04
¿hiperlegitimidad? ¿Por qué tanto prefijo cuando algún concepto nos desagrada?
Publicado por Eduardo
miércoles, 09 de mayo de 2007 | 0:00
Lo primero que me vino a la mente leyéndote es la noción típica del derecho cristiano que establece el derecho de robar en determinadas circunstancias. Aunque también establece que el "ladrón" debe intentar compensar después al propietario. Este derecho cristiano, que limitaba los derechos de propiedad, tenía bastante sentido sobre todo cuando la población corría el riesgo de morir de inanición. En estos casos la "propiedad" cedía ante el derecho natural y ético por excelencia: el "derecho" a seguir existiendo.

(Continúa)
Publicado por Eduardo
miércoles, 09 de mayo de 2007 | 0:03
Creo que al enfrentar este asunto debemos partir del hecho de que los derechos de propiedad se encuentran en permanentemente evolución. El propio Hayek admitía que no tenemos muchas posibilidades de encontrar una ética universal y que la forma actual de la propiedad es transitoria. Eliminar completamente los impuestos obligatorios (aunque esto es una especie de pleonasmo) y las restricciones actuales sobre la propiedad podría ser una buena idea del porvenir. Todo lo que podemos asegurar, por ahora, es que la estrategia del estado, y en particular la del estado liberal, ha sido muy exitosa para asegurar nuestra supervivencia en el planeta.
Publicado por Uno-que-no-se-calla
viernes, 11 de mayo de 2007 | 22:03
Jo, pues yo debo de ser el raro del mundo, porque creo que la opción correcta es quitárselo a los ricos para dárselo a los pobres, qué queréis que os diga.

El bien obtenido compensa el mal ocasionado, sobre todo porque no es el caso de que la familia no lo necesita.

De aquí sería interesante hablar acerca de si, pasado un límite, es ético acumular riqueza mientras un poblado africano se muere de hambre...

Salu2!
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