No soy anti-ancap, simplemente no soy ancap. Como tampoco soy socialista, democratacristiano, comunista o conservador. Cuanto más detallemos unas ideas, menos personas encontraremos con las que compartamos. Por eso las ideologías agrupan a una serie de gente que comparte un cuerpo común pero sin abandonar sus diferencias individuales. Yo suelo estar de acuerdo con el 80% de post que publica
Rallo, pero eso no me impide estar radicalmente en desacuerdo con el otro 20%.
Por coger una definición entre muchas (en este caso la del
Cato):
El liberalismo defiende la libertad individual, el gobierno limitado, los mercados libres y la paz. Dentro de ese marco las variaciones pueden multiplicarse. Creer que el liberalismo es la promulgación de la desaparición del Estado es un error. El liberalismo surgió como reacción al Antiguo Régimen y postuló la creación del Estado de Derecho para limitar el poder omnímodo.
Hoy la amenaza a la libertad ya no proviene de los monarcas y la nobleza sino de sus herederos: los políticos y los grupos de presión. Y ya lo habían advertido lo primeros liberales cuando escribieron el artículo segundo de la
declaración de los derechos del hombre en 1791:
La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
No aparecía entonces ninguna referencia a la multitud de facetas que asume el Estado en la actualidad: educación, sanidad, pensiones, ayudas públicas a empresas, aranceles,… Pero dicho artículo sí engloba a la provisión de seguridad jurídica. ¿Deberíamos decir entonces que el verdadero liberalismo es exclusivamente el
miniarquismo? Pues no. Existen numerosas alternativas que defienden el gobierno limitado pero no mínimo. Así lo expresa
Eduardo que como buen conservador se opone a la miniarquía:
Fukuyama propone distinguir entre Scope (alcance) y Strength (fuerza) del estado. El modelo liberal clásico propuso el estado mínimo, en donde el estado se limitaba a ser un “vigilante nocturno”, a “vigilar y castigar” (por decirlo al modo de Foucault). (…) Por supuesto, cuestionar el “estado mínimo” (fuerza máxima, alcance mínimo) no nos aboca automáticamente al modelo socialista, al “estado máximo” (fuerza máxima y alcance máximo).
Pero ese error de identificación es en el que los ancaps caen una y otra vez. Y lo vuelve a hacer
Albert en su último comentario en el Juan de Mariana cuando dice:
El Estado es ineficiente y actúa movido por grupos de presión, lo mismo en política interior que en política exterior. La guerra es el programa estatal de mayor magnitud y un liberal no puede sino mostrarse, como mínimo, escéptico y cauto ante las promesas de traer seguridad, paz y democracia al mundo manu militari.
Que el Estado sea ineficiente en la construcción de automóviles no supone que lo sea en la política exterior. ¿El problema es el manu militari, con lo que caeríamos en un pacifismo destructor, o que esa manu fuera estatal? La seguridad, la paz y la democracia la han proporcionado los Estados mejor que los sistemas privados.
Ambas cuestiones, la política exterior y la defensa fuera del ámbito del Estado no son postulados liberales sino
anarcocapitalistas y, por esa razón, flaco favor hace Albert a eso que denomina en su última línea como “causa liberal” al identificarlos como idénticos.
La alianza entre conservadores y liberales se debilita allí donde el debate se centra en una reducción del Estado pero no parece que este sea el caso de nuestro país donde el debate se encuentra en una ampliación del Estado. Pero tanto en un caso como en otro, no se puede obviar que existen numerosos puntos en común para la defensa de un gobierno limitado y de la libertad individual entre conservadores, anarcocapitalistas y miniarquistas.
Tags: Anarcocapitalismo, neocon, miniarquía, liberalismo