«En la época de entreguerras, un grupo de intelectuales franceses quiso organizar una campaña en favor del teatro popular. Fueron a los suburbios y en la más concurrida taberna se subió uno de ellos a una mesa y empezó a hablar: "El pueblo necesita su teatro; un teatro donde no se traten los líos entre marquesas tontas y vizcondes malvados, en salones llenos de lámparas de araña y de alfombras... El pueblo necesita un teatro que represente vuestras buhardillas, vuestros problemas, vuestra miseria...". Entonces, uno de los obreros allí presentes le interrumpió y gritó: "El pueblo lo será usted"».
Relato con el que
Luis Moya respondía a los colegas arquitectos que en 1955 sometieron a la Laboral a una sesión crítica en la que censuraron con crudeza el estilo y grandiosidad adoptados en su proyecto.
Pero sobre todo una parábola para aquellos progres pretenciosos que desean dirigir los destinos de sus conciudadanos como si fueran elegidos por un dios laicista cuando realmente no son más que seres humanos como el resto.