jueves, 25 de enero de 2007
Si hay algo que descoloca a los defensores del patrón oro, es que la gente siga aceptando el papel moneda a pesar de que ya no es convertible a un tipo fijo por un metal precioso. Una de las explicaciones más habituales es la referida al poder de coacción del Estado. Pero ese poder desaparece más allá de sus fronteras y no hay nada más que alejarse de occidente para comprobar que fácilmente aceptados son el papel “inservible” emitido por la Reserva Federal y el Banco Central Europeo.

La explicación alternativa se refiere a que los activos del Banco del Estado son los que efectivamente respaldan la moneda de la misma forma que anteriormente lo hiciera el oro. Dentro de esos activos nos encontraríamos con las reservas en oro, moneda extranjera y títulos de deuda pública con la que contaran. De esta manera el actual modelo se parecería al postulado por Hayek respecto a un sistema de monedas respaldadas por materias primas. En el modelo de Hayek cualquier variación en el precio de las materias primas afectaría inmediatamente a la valoración de las monedas emitidas. Pero esa relación no existe en el actual sistema de dinero fiduciario. La valoración de las reservas de los bancos centrales es muchísimo menor que el dinero emitido.

La utilización de esas reservas para el sostenimiento artificial de un determinado tipo de cambio no puede más que resultar ruinoso para el que lo intente. Las reservas nunca podrán resistir el envite de aquellos que desconfían de la moneda al no poder responder de la totalidad de la emisión. Es por esto que el sistema más beneficioso siempre resulta la libre fijación del precio de la moneda, el tipo de cambio, igual que ocurre con la fijación del precio de cualquier otro producto. Y esto se cumple tanto para los bienes producidos por empresas públicas, como el actual sistema monetario, como para las privadas.

Una tercera explicación vendría por la posibilidad de expropiar los bienes de los súbditos para mantener el valor de la moneda. La experiencia pasada nos muestra que los políticos jamás anfrontarán una medida tan impoular como hemos visto en los episodios de impago de deuda pública.
Publicado por coase @ 11:04  | Economía
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Publicado por Uno-que-no-se-calla
jueves, 25 de enero de 2007 | 12:05
La explicación más sencilla es que la gente no sabe qué es el dinero, aunque sepa para qué vale. Vaya y pregunte.

euribe
Publicado por framling
jueves, 25 de enero de 2007 | 12:20
¿Y por qué no tiene valor?, tiene el valor que le de el mercado, el oro fuera del mercado no tiene valor alguno. El dinero como bien escaso (salvo que el estado le de a la maquina de hacer dinero, lo que producirá su inmediata depreciación en el mercado, esto es, la inflacción) tiene su valor, y la gente prefiere almacenar dinero que oro que es mucho más engorroso, de hecho los billetes son muchas veces sustituidos por un número en una cuenta, según tu teoría el colmo de la falta de valor.

Me acuerdo que durante la guerra de Irak salió un reporteje en el que se decía que tenían más valor los viejos billetes iraquies de antes de Sadam, oficialmente sin valor pero técnicamente muy bien hechos, difíciles de falsificar y escasos que los nuevos billetes que el gobierno imprimía según los iba necesitando.
Publicado por Sanders
viernes, 26 de enero de 2007 | 10:35
Yo suscribo eso de que la gente no sabe que es el dinero.

Y ademas encima pondria que tampoco saben que es el estado, ni que es un banco.
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