Ya lo sé que parece una perogrullada pero en multitud de ocasiones tenemos que aguantar declaraciones de sindicaleros que hablan como si ellos fueran quienes pusieran el dinero necesario para el mantenimiento de las televisiones públicas. Lo estamos viendo en la campaña actual de
sabotaje en Telemadrid, la persecución a Urdaci o las pretensiones de los empleados de TV3 de distribuir a su gusto la información de la campaña electoral.
Nos quieren engañar con la objetividad. Su versión de objetividad es dar las noticias desde una visión progre y que beneficie a la izquierda. El simple hecho de elegir que noticias aparecen en el telediario, disponer en que orden aparecerán o seleccionar los cinco minutos de un discurso de una hora ya supone una decisión basada en la subjetividad.
La solución es sencilla, privaticemos las televisiones públicas. Otra solución alternativa es la que ocurría en la RAI antes de tangetopolis. La primera cadena la controlaba el partido Democrata-cristiano, la segunda los socialistas y la tercera los comunistas aunque estos últimos estaban en la oposición.
Algo parecido fue lo que hizo el ‘malvado’ Aznar en su época de mayoría absoluta. Los informativos de la segunda cadena estaba dirigido por un equipo tan socialista que fue ascendido cuando el PSOE alcanzó La Moncloa. Entonces Urdaci pidió presentar el telediario de la segunda cadena pero los progres del talante se negaron.