Me comenta un colega, que habita en la capital del Reino, que el pedestal de uno de los dictadores que nuestro país tuvo que padecer ya está totalmente retirado y se han colocado baldosas nuevas en el suelo que ocupaba. Por desgracia aún quedan muchos más tributos a dictadores en nuestro país, incluso en la propia
Plaza Mayor de la villa y corte.
Desde
Batiburrillo pedían recientemente que se retiraran todos los símbolos que hacían referencia a personas con un amplio curriculum vitae antidemocrático. No creo que tenga repercusión su propuesta si tenemos en cuenta el éxito de la izquierda en defender a sus tiranos. No tenemos nada más que apreciar su labor con el sátrapa cubano.
Cerca de donde se situaba la famosa estatua retirada en Nuevos Ministerios se encuentran dos estatuas de dirigentes del PSOE del pasado siglo. Uno de ellos, Largo Caballero, tiene el triste mérito de haber sido ministro de la dictadura de Primo de Rivera para después encabezar un gobierno en la II República que incluía a los nada democráticos dirigentes comunistas.
La táctica de Felipe González, mucho más inteligente que Zapatero, era colocar a los suyos. Y eso debería realizar el gobierno municipal de Madrid. Tres dirigentes de la derecha española en la época republicana merecen ocupar ese lugar:
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Lerroux: un republicano convencido que quería el sistema fuese compatible con el respeto al derecho a la propiedad y la libertad religiosa. Lo expresó perfectamente Reagan cuando dijo que la diferencia entre una democracia y una democracia popular (término por le que se identificaban las dictaduras comunistas como la de Alemania del Esta o China) era la misma que entre una camisa y una camisa de fuerza. Puede haber república y no democracia, como mostró la II República, y no haber república y sí democracia, como reflejó la constitución de 1978.
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Gil Robles: el líder de la derecha republicana que no pudo acceder a la presidencia del gobierno a pesar de encabezar la lista más votada. Defendió el accidentalismo, considerando que el sistema fuese republicano o monárquico no tenía por qué influir en la defensa de las ideas. Fue uno de los acusados por el régimen franquista por su labor en el conocido como contubernio de Munich y defendió en todo momento una transición a un régimen democrático.
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Melquiades Álvarez: denominado liberal en aquella época en la que se identificaba nuestras ideas con el régimen democrático. Cuando Europa estaba asolada por el fascismo y el comunismo, la defensa del régimen democrática era básica para los liberales. Por suerte, el fascismo ha sido derrotado y el comunismo no goza de muy buena salud, por lo que los liberales nos podemos centrar en la defensa de los derechos individuales y en la reducción del poder de los gobiernos. La recompensa que tuvo Melquiades por su defensa de la democracia fue su fusilamiento por los rojos con los que se identifica ZP. Dicen que los responsables eran unos incontrolados, el problema es que esos incontrolados eran los que controlaban esa República.
¿Me hará caso Gallardón?