A raíz de una noticia sobre la preferencia de los jóvenes españoles a ser funcionarios se inició un interesante
debate sobre si es compatible ser liberal y ser funcionario. La cuestión está que un liberal defiende la supresión de los privilegios concedidos por el Estado a diversos colectivos.
La respuesta me parece obvia. Por supuesto que sí. Y no porque sea funcionario, que no lo soy, sino porque me gustaría serlo aún siendo liberal. La situación no es nueva. Ahora discutimos por los privilegios de unos pero hace siglos se producía la misma situación. Durante el Antiguo Régimen existía una serie de personas que obtenían privilegios concedidos por el Estado a costa del resto de la población. Se hacían llamar nobles y llevaban títulos como Conde, Duque o Vizconde. Ahora los privilegiados por el Estado se llaman farmacéuticos, constructoras de obra civil para las administraciones públicas, sindicalistas liberados, empresarios protegidos por aranceles o funcionarios. Como entonces, la mejor parte se la lleva quien reparte: reyes en el pasado y miembros de la partitocracia en la actualidad.
Pero en aquella época pasada había privilegiados que desde sus posiciones aristocráticas defendían la supresión de las desigualdades. De la misma manera en la actualidad existen personas que se benefician de las prebendas otorgadas por el Estado pero defienden el fin de esas prácticas. Probablemente dos de los casos más llamativos sean los de
Carlos Rodríguez Braun y
Jesús Huerta de Soto, ambos funcionarios públicos. Se me dirá que existen pocas alternativas para aquellos que quieran trabajar en la enseñanza universitaria, a éstos les tendré que mostrar el ejemplo de otro profesor liberal,
Pedro Schwartz, que ha abandonado su cómoda plaza de funcionario para pasarse a una entidad privada.
Los casos de liberales funcionarios tienen el doble mérito de morder la mano que les da de comer. Se puede decir que algunos somos liberales por hastío de ver como una minoría disfruta de unas regalías a costa de nuestro bolsillo y esfuerzo. Por el contrario, podemos estar seguros que los liberales funcionarios defienden unos ideales por convencimiento, incluso aunque éstos puedan perjudicarlos si se materializan.
Me parece curioso el recurso de muchos progres, como
Vázquez Montalban, de criticar a los liberales funcionarios. ¿Acaso los liberales no podemos ser funcionarios? Los liberales también nos mostramos críticos con el pago de impuestos pero nadie nos solicita que no los paguemos. Lo mismo se podría decir de las subvenciones, ¿por qué el
Instituto Juan de Mariana rechaza solicitarlas? ¿Coherencia? El disneyland progre (semana negra de Gijón para los no iniciados) no desaprovecha ocasión para atacar a las multinacionales y a la globalización pero unos de sus patrocinadores es... ¡Pepsi! Y hace bien, no hay nada mejor que utilizar el dinero del enemigo ¿Independencia? La Fundación Pablo Iglesias recibió diversas subvenciones durante el gobierno del PP y no vi a ninguno de sus socios desconfiar de entreguismo a la derecha.
Una cosa es ser liberal y otra cosa muy distinta es ser tonto. Una cosa es que queramos cambiar las reglas del juego y otra cosa diferente es que las reglas que existen solo se nos impongan para pagar pero no para recibir.