Hace un tiempo dediqué un
post a Manuel Fraga con un cariz crítico, algo normal desde la óptima liberal.
Enrique Castro me enlazó desde su antiguo blog (ahora se ha pasado a Periodista Digital) con la siguiente sentencia: Cría cuervos que te sacarán los ojos. Se equivoca Enrique. Nunca me vi tentado de convertirme en seguidor de Fraga pero sí de ingresar en las filas de su partido. Cosas de la vida.
Corría finales de los ochenta, eran los tiempos que todavía se recordaban los decretos liberalizadores de Boyer sobre los horarios comerciales y los contratos de alquiler. Se habían iniciado las primeras privatizaciones. Solchaga declaraba que la mejor política industrial era la que no existía. El gobierno socialista había encarado ya dos huelgas generales (1985 y 1988) enfrentándose a los sindicatos.
Yo en aquella época de instituto admiraba a Reagan y Thatcher y mis inquietudes políticas me planteaban afiliarme a un partido político. Existía un minúsculo partido liberal liderado por José Antonio Segurado pero su presencia en Asturias era escasa. Alianza Popular apenas tenía un discurso coherente y alternativo. Por el contrario Solchaga parecía continuar con las políticas liberales de Boyer y era la única voz relevante que realizaba aportaciones al liberalismo político.
El problema radicaba en el PSOE asturiano. Totalmente copado por el SOMA, el todopoderoso sindicato minero, siempre se mostraba muy crítico con las decisiones liberalizadoras tomadas por el gobierno. Ante este panorama preferí no involucrarme en ningún proyecto político.
Más adelante vendrían los episodios de corrupción. En la actualidad el PSOE se ha escorado a posiciones de extrema-izquierda introduciendo importantes restricciones a la libertad.
Mire por donde, Enrique, casi fuimos compañeros de partido. Lo dicho: cosas de la vida.