Los funcionarios holandeses podrán tocar su pensión y saludar a las personas que le pagarán su pensión. Uno de los fondos de pensiones de los empleados públicos de los países bajos ha adquirido, junto a otras dos sociedades, el
Hotel Arts de Barcelona. Esa inversión junto a otras muchas más serán las que les aseguren un futuro cuando dejen de trabajar. Visitando Barcelona podrán comprobar como los turistas japoneses que llegan con sus maletas pagarán las facturas que les ayudarán a sufragar sus vacaciones a España cuando estén retirados.
Por el contrario aquellos que cotizamos a un sistema público debemos de confiar que el sustento económico tras abandonar la vida activa vendrá de la capacidad de coacción de los políticos sobre los trabajadores de dentro de treinta años. No sabemos si serán muchos o pocos. Si estarán dispuestos a pagar nuestra pensión o no. No podemos tocar nuestra jubilación ni ver a aquellos que alojados en un hotel o comprando un automóvil podrían pagar nuestro retiro. Simplemente porque actualmente estamos sufragando el pago a los actuales pensionistas sin ninguna garantía de que otros harán lo mismo.
Eso sí que es un timo piramidal y no lo de los sellos.
Algo tiene que cambiar.