Huerta de Soto es uno de los economistas liberales señeros de nuestro país como hemos comentado en el
primer post. Ha sido habitual su denuncia de los perjuicios de la limitación en libertad de los individuos sobre la prosperidad en la sociedad. ¿Siempre? No, en una pequeña aldea gala resisten... (perdón que me he
liao)

. Lo que decía. ¿Siempre? Pues no, cuando se trata de temas monetarios parece que la solución es otra. De esta manera comenta en la página 552:
‘No cabe, por tanto, admitir, como argumentan White, Selgin y otros, que en una sociedad libre los banqueros y sus clientes deben tener libertad para establecer los acuerdos contractuales que consideren más adecuados’.
¿Libertad para establecer acuerdos contractuales? ¿Para qué? ¿No decía algo parecido Lenin? Me tendrán que reconocer que ‘suena raro’ que en una sociedad libre, dos individuos no sean libres para alcanzar el contrato que consideren que más se ajusta a sus necesidades. Comprobemos las justificaciones para tal medida:
Primero:
la expansión crediticia aumenta la oferta monetaria y disminuye, por tanto, el poder adquisitivo de las unidades monetarias del resto de los tenedores de saldos de dinero.
Ante esto caben dos respuestas: una sencilla y otra más compleja. La sencilla consiste en que permitamos a las personas elegir su moneda. Si el profesor Huerta estuviera en lo cierto, aquellos bancos que decidieran mantener una reserva del 100% obtendrían un gran éxito de público y expulsarían del mercado a los bancos con reserva fraccionaria. ¡Qué fácil! Laissez faire, laissez passer.
La respuesta más compleja viene dada porque no existe tal expansión monetaria. Es como si alguien tiene tres pisos y alquila dos. No existen cinco pisos sino tres. Ese alguien podría mantener un nivel de gastos como si tuviera tres pisos pero correría el riesgo de que al vencimiento se encontraran que han incendiado sus dos pisos alquilados y resulta enormemente cara su reconstrucción. De la misma manera alguien que tiene una libreta de ahorro con una cifra impresa, lo que tiene es el derecho de devolución por parte del banco de esa cantidad pero no tiene ese dinero. Otra cosa diferente es que halla gente que acepte ese dinero depositado y le entrega bienes tangibles. Se trata de otro dinero, otra moneda, diferente a la que originalmente provocó el depósito. Es lo mismo que si alguien acepta un pagaré firmado por mí a cambio de entregar un Ferrari. En este último caso, el vendedor no recibirá al final la cuantía reflejada en el pagaré en dinero original. En el caso de la libreta de ahorro dependerá de la solvencia del banco.
Así mismo cuantos más dineros diferentes esté dispuesto a aceptar el vendedor más opciones tendrá de encontrar comprador y por tanto mayor poder de mercado dispondrá. Si solo permitiéramos comprar helados a aquellas personas pelirrojas, su precio descendería de forma pronunciada. Pero eso no es precisamente capitalismo. De todas maneras reconozco que esta respuesta precisará de un post ad hoc.
Segundo:
los depositantes en general son perjudicados, (...) disminuye la probabilidad de que, (...), puedan recuperar intactas las unidades monetarias que originariamente depositaron.
Cuando invertimos en el mercado de renta fija utilizamos las variables riesgo y rentabilidad. Cuanto mayor riesgo, exigimos mayor rentabilidad. Los ahorradores siempre serán libres de dejar de prestar su dinero a un determinado banco o guardar su dinero en una caja de seguridad. Es posible que la rentabilidad o los servicios ofrecidos por un banco les lleven a asumir el riesgo de una posible pérdida. ¿Por qué oponerse? ¿Nos opondríamos a que una persona abriese una panadería porque puede perder la cantidad invertida? ¿Y a invertir en bolsa?
La tercera razón esgrimida en el libro radica en que la conjunción de las dos anteriores supone la generación de una etapa de recesión económica. Probablemente el mayor peligro es que nos ha pasado como a Mitriades, nos hemos acostumbrado al veneno que significa el banco central que creemos que no podríamos vivir sin un banco central en un entorno de banca con reserva fraccionaria y moneda fiduciaria cuando realmente el peligro está en mantener su existencia.