Libertad Digital y especialmente Emilio J. González se están cubriendo de gloria con la cobertura del escándalo. Aparte de la posibilidad de existencia de sellos falsos y delitos contra la hacienda pública, cargos suficientemente descritos en nuestro ordenamiento jurídico, y que no acaba de quedar claro las circunstancias de la trama de Afinsa y Forum Filatélico, el periódico de Federico Jiménez Losantos continúa solicitando más leyes y más funcionarios como si eso fuese a solucionar algún problema.
Voy a destacar un par de párrafos de la columna netamente socialista de
Emilio J. González publicada ayer en Libertad Digital.
El Fórum también comercializaba productos parecidos a los fondos de inversión inmobiliaria, aquellos que invierten en viviendas y bienes inmuebles para ofrecer, a partir de esta actividad, una rentabilidad a sus clientes. No obstante, estos productos estaban estructurados de tal manera que permitían al Fórum eludir la obligación de registro en la CNMV y, por tanto, la supervisión de este organismo. Eso, en cierto modo, salva la responsabilidad de la CNMV. No obstante, y teniendo en cuenta la proliferación en los últimos años de sociedades especializadas en inversiones alternativas, la CNMV no debería haber permanecido al margen de estas cuestiones sino que, a falta de una iniciativa legislativa por parte del Gobierno, esta iniciativa debería haber partido de la propia Comisión.
Es decir los inversores podían optar libremente por una inversión bajo la supervisión de la CNMV o por otra sin dicha supervisión. Ciudadanos mayores de edad y en plenas facultades mentales optaron por esa segunda opción. ¿Qué debemos comentar al respecto? Si uno ya no es libre para decidir lo que hacer con sus ahorro, ¿por qué no sacarse de la manga un supervisor que controle los votos de las personas? Si no son capaces de invertir, ¿por qué suponemos que son san capaces de votar? El razonamiento es de un sinsentido tal que parece increíble que se puede encontrar en un medio diferente al Periódico de Cataluña.
Tras llamar ‘incapaces’ a un buen número de adultos responsables, Emilio nos comunica la razón por la que el gobierno debe intervenir.
Porque lo ocurrido con estas dos sociedades, por desgracia, afecta también a terceros que no tienen nada que ver con el asunto. Si dispusiéramos en este momento de alguna encuesta sobre la confianza de los clientes de las sociedades de inversión alternativa en ellas, en estos momentos seguramente veríamos un grave deterioro de la misma porque tenderían a generalizar el comportamiento de Afinsa y el Fórum a las demás entidades, cuando éstas no tienen nada que ver con el escándalo.
Un razonamiento similar podría ser que como cualquier lector de Libertad Digital que pueda leer la columna de Emilio J. González puede considerar que todos los columnistas son igual de socialistas que el citado lo que provocaría un importante deterioro de columnistas como Carlos Rodríguez Braun, José Carlos Rodríguez o Daniel Rodríguez. Esto justificaría que se produjera una censura de las columnas de Emilio J. González para no perjudicar la imagen del resto de columnistas.
¿Ve como es incongruente? Gracias a que todo el mundo es libre para tomar decisiones cada empresa verá como es valorada por su actuación. Si el Estado asegura la inversión en todo tipo de instrumentos financieros todos ellos serán equivalentes a ojos de los inversores, lo que provocará una relajación de los gestores al ser imposible diferenciarse. De la misma manera si existiese censura de las columnas sabríamos que todas ellas tendrían el mismo discurso progre. Como no es así, sabemos que hay unas, como las de Emilio, que encajarían perfectamente en El País y otras que muestran la necesidad de la responsabilidad individual.
Ahora que tanto se critica a los jóvenes por despreocuparse de su futuro y centrarse en el botellón, habría que evaluar que mensajes se les transmite. Si se lee las columnas de Emilio y se defiende que el Estado debe proveernos de total seguridad, ¿para qué preocuparse de donde invertir? Vayámonos de botellón y ya pagarán otros con sus impuestos de nuestras equivocaciones.