Los
progres de la red andan soliviantados porque varios periódicos han publicado un anuncio de la Falange. Vuelven a traer a colación la prohibición de propaganda nazi existente en Alemania y quieren lo mismo para la simbología franquista. Lo que no acabo de entender es por qué no existe esa misma argumentación con los símbolos comunistas.
Bajo esos símbolos, denominaciones e ideas se han asesinado más de 100 millones de seres humanos. Su distribución aproximada por zonas es la siguiente:
- Unión Soviética 20 millones
- China 65 millones
- Corea del Norte 2 millones
- Camboya 2 millones
- Africa 1.7 millones
- Afganistán 1.5 millones
- Vietnam 1 millón
- Europa del Este 1 millón
- Iberoamérica 0.150 millón
- Movimiento comunista internacional y partidos comunistas en la
oposición 10 millones
Incluso sin ir tan lejos podemos encontrar españoles asesinados en aras del comunismo en las chekas de la II República o en las bandas terroristas de extrema-izquierda en tiempos más recientes. A pesar de eso, la exhibición de esos símbolos no es condenada por la sociedad... igual que ocurrió con los muertos provocados. Me dirán que ahora esos símbolos significan otra cosa y que el PCE no defiende el comunismo. Entonces, ¿por qué no los cambia? ¿por qué no condena la tiranía castrista? ¿por qué no condena las matanzas provocadas por el comunismo? Seguimos viendo a multitud de jóvenes con camisetas con la cara de un terrorista, Che Guevara, una muestra de la permisividad que la sociedad va a tener con otros terroristas, los etarras.
¿Mi posición personal? ¿Hay defender la libre expresión o reunión de todos los ciudadanos? ¿Por qué? Muchos me contestarán que para impedir que un futuro sea nuestra libertad de expresión la que se vea amenazada. ¿Pero qué ocurre si defendiendo la libertad de expresión de un grupo de ciudadanos lo que verdaderamente estamos amenazando es nuestra libertad de expresión? ¿Qué ocurre si estamos alimentando la creación de un totalitarismo?
Ante eso habría que distinguir dos cuestiones. Hoy por hoy ni una manifestación de la falange, ni los símbolos del PCE ni unos chavales con la camiseta de Ché representan una amenaza para nuestra libertad. Pero si llegaran a serlo, no dudaría en reaccionar. Es lo que ha ocurrido con la ilegalización de Batasuna. Miles de personas viven amenazadas en las vascongadas mientras los batasunos son libres para seguir extorsionando. ¿Qué ocurre cuando ambas libertades no pueden ser simultáneas?
No sólo soy libre para ejercitar mis derechos sino que soy libre para proteger mi libertad. Y si para proteger mi libertad tengo que limitar la libertad de aquellos que la amenazan, adelante, porque de lo contrario serán ellos los que me la limiten. Muchos de los problemas que surgieron en la Alemania del siglo pasado se produjeron por la permisividad de los demócratas ante las amenazas de nazis y comunistas. Es el difícil equilibrio que hay que mantener para que subsista la libertad. Una libertad amenazada no es libertad, es una amenaza. Como decía Reagan, la libertad es tan frágil que nunca está a más de una generación de perderse. Conozco la frase de que no estoy de acuerdo con usted pero lucharía para que pudiera decirlo. Pero, ¿lucharías por el derecho de otros a arrebatarte tus derechos?