Se han cumplido tres años desde el comienzo de la transición de Irak a una democracia. La mayoría de la prensa española resalta los puntos negativos de la situación actual. Nada dice de cuál era la situación anterior. Parece que Irak con Saddam Hussein era un remanso de paz, libertad y prosperidad. Pero ellos también saben que
eso no es verdad.
En España lo tuvimos más fácil. Para empezar la transición no se empezó hasta que Franco falleció. Nuestra renta per cápita era mayor y existía una amplia base social de clases medias. No teníamos como vecinos a teocracias ni dictaduras personalistas. En vez de Siria e Irán, estábamos (y seguimos estando) en Europa Occidental. A pesar de las circunstancias, los irakies tardaron seis meses menos que nosotros en
tener una constitución y
nuestro país tardó en tener elecciones libres lo mismo que
en Irak.
Es cierto que el terrorismo ha asolado Irak en estos años. Pero no olvidemos el terrorismo que sufrió nuestro país durante la transición no fue una cuestión menor. Diferentes bandas perpetraron continuos atentados que llegaron a elevar por encima del centenar el número de muertos. Un menor número que en Irak, es cierto, pero con las circunstancias de unas fuerza de seguridad que mantuvieron en todo momento sus efectivos y a pesar de que no existía ningún conflicto bélico en España desde hacía cuarenta años.
Se dirá que nuestra más lenta transición aunque tuviera mejores circunstancias fue un proceso absolutamente interno sin ninguna interferencia externa. Es cierto. Pero probablemente muchos de los que utilizan ese argumento no lo repetirían en el caso de la posguerra civil española cuando los
maquis utilizaban tácticas de guerrilla para forzar una intervención extranjera contra el régimen franquista.