Albert ha dado en el clavo al que se agarran los anarcocapitalistas y que los defensores del Estado liberal nos resulta muy difícil de contestar en
su comentario a mi
post sobre la posesión de armas. Defendemos que el individuo es un mejor gestor de sus intereses que la colectividad... pero ponemos unas excepciones. Y el peligro de las excepciones es que pueden ser infinitas. Por eso defendemos la existencia de un pacto, una constitución, que determine fehacientemente los limites de la colectividad y proteja los derechos de los individuos.
El mayor o menor número de excepciones son las que nos proporcionan la gama política desde los totalitarios hasta los anarcocapitalistas. Una de las excepciones que defiendo es la seguridad. Aunque defendí en los posts al respecto que la
seguridad no debería radicar en una colectividad concreta sino
en diferentes capas de mayor a menor proximidad al individuo (lo que dificulta que el perro pastor se coma las ovejas porque van a existir diferentes perros).
¿Por qué? Albert, porque aunque tú nunca hayas cedido la prerrogativa del monopolio de las armas a la colectividad, tú sí te beneficias de la seguridad que proporcionan tus vecinos. No es lo mismo proteger tu casa si vives en Zaragoza que si vives en Uganda del Norte. ¿Y qué hacemos con los free rider que no están dispuestos a colaborar con la seguridad colectiva pero se benefician de ella? Cambiando una conocida cita: ‘Los que no están dispuestos a sacrificar libertad por seguridad, al final acabarán sin tener ninguna de las dos cosas’.
Esa dicotomía libertad-seguridad a la que nos tenemos que enfrentar nos tiene que hacer estar en guardia contra los enemigos de la libertad, tanto desde fuera del sistema como desde dentro. Esa dualidad la pudimos
ver en la serie 24. Pero no podemos dar carta blanca a los que nos proporcionan la seguridad como reclamaba el personaje de Jack Nicholson en la película ‘
Algunos hombre buenos’:
‘Yo no tengo tiempo ni ganas de explicarle a un hombre que se levanta y se acuesta bajo la manta de la libertad que yo le proveo, la forma en que se la proporciono.’
Por desgracia la solución no es tan sencilla como negar al Estado. Ojala lo fuera. Mientras tendremos que convivir con esa desazón y sin bajar la guardia. Reconocer la labor del colectivo que nos proporciona la seguridad para disfrutar de la libertad pero a la vez vigilarlo. Hay que hacer como nos dicen desde
Vendetta:
La población no debería temer a sus gobiernos.
Los gobiernos deberían temer a la población.