La defensa sobre libertad de armas de fuego es un asunto que distancia a liberales de ambos lados del Atlántico. Siempre que el Estado quiera prohibir la posesión de algún bien se tiene que recelar. Pero en este caso se trata de un bien cuya posesión no solo afecta a quien lo posee sino también a quien le rodea. Por tanto tendremos que tener en cuenta la libertad del que quiere tener armas y el que considera amenazada su libertad de pasear con el perro los domingos por la mañana por el hecho de que su vecino tenga armas. Pero no va ir por ese sendero mi argumentación porque conozco su respuesta: que el que pasea también se aprovisione de armas.
Dicen los defensores de la libre posesión de armas que estas son el seguro que tenemos contra la posibilidad de opresión del gobierno y de un ataque a nuestras libertades. Realmente la única amenaza a nuestra libertad son nuestros vecinos. ¿Alguien cree que si un cuarenta millones de españoles están dispuestos a acabar con la libertad de Menganito Pérez no lo lograrían por muchas armas que Menganito tuviera?
Es falso decir que el gobierno es quien tiene las armas que pueden cercenar nuestra libertad. Esas armas las tienen personas concretas que son las que pueden limitar nuestra libertad, pero lo importante son las personas no las armas. Cuando se produjo el golpe de estado del 23F el problema no radicó en quién tenía las armas. ¿Las tenía el gobierno que estaba secuestrado? ¿Las tenía el Rey que se encontraba en La Zarzuela? Las tenían los militares quienes decidieron respetar la legalidad y no usarlas en contra de la libertad de sus conciudadanos.
¿Es peligroso que nuestra libertad dependa de una serie de militares que poseen las armas? Bueno, realmente es igual de peligroso que nuestra vida dependa de los médicos que poseen los conocimientos y controlan los hospitales. O que nuestra alimentación dependa de unos agricultores. O que nuestro dinero dependa de la actuación de unos banqueros.
¿Cuál es la solución? Seremos más libres si nos proveemos de armas, si nos curamos nosotros mismos, si cultivamos nuestra propia comida o si guardamos nuestros ahorros debajo de un colchón. No sé si más libres pero creo que acabaríamos más esquizofrénicos y más parecidos a determinadas sectas mesiánicas.
En
este y
este post defendí que la mejor forma de que un individuo se provea de seguridad es coordinándose con sus vecinos. Si entre todos los ciudadanos se decide que la mejor forma de proveer seguridad es otorgando el monopolio de las armas a un grupo, no significará una limitación de la libertad sino un caso más de las ventajas de la especialización del trabajo.
P.D.: Este post cierra la serie ‘En defensa del Estado’. Existen dos temas que a pesar de ser relevantes no han sido tratados ni en esta serie ni en la anterior denominada
‘Tiempo de Libertad’. Se trata de las drogas y de la educación. La razón es que no tengo una opinión consolidad al respecto por lo que espero que los lectores ayuden a despejar mis dudas tras los post que dedicaré a estos temas mañana y pasado.