Este fin de semana, la prensa asturiana ha mostrado la peor cara de la partitocracia que asola nuestro país. Para aquellos que vivan más allá del Puerto Pajares, paso a ponerles en antecedentes. El actual presidente del PP asturiano es Ovidio Sánchez, persona que accedió al cargo gracias a estar en el sitio justo en el momento adecuado. Cuando el gobierno asturiano estaba en manos del PP se produjo una crisis que acabó con la salida del partido del por aquel entonces presidente regional, Sergio Marqués. En aquel momento Ovidio era el presidente del Parlamento regional, cargo habitualmente intranscendente pero tras la ruptura del partido con el gobierno era el único cargo relevante con coche oficial y proyección mediática.
En dos ocasiones ha sido derrotado en las elecciones autonómicas, logrando siempre peores resultados que el partido en las elecciones nacionales. Además ha recibido escasa valoración en repetidas encuestas. Ante este panorama, un diputado regional llamado Juan Morales se postuló como candidato a la presidencia regional.
Primero amagó con presentarse al cargo de presidente del partido pero después se retractó a cambio de una cuota de poder en la ejecutiva del partido.
Las elecciones autonómicas se van acercando y diversos militantes han iniciado una
recolección de firmas para que Morales sea el candidato popular. Para animar el cotarro, el hombre fuerte del partido en la región y alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, lanza unas declaraciones eclécticas sobre su posible apetencia a dicha candidatura. Este fin de semana, Gabino se ha declarado taxativamente que no se postulará como candidato y
que apoya que Ovidio Sánchez lo sea.
¿Es esa la forma de elegir un candidato? ¿Para qué sirven los afiliados? ¿Qué pintan en todo este tejemaneje?
La experiencia del PSOE con las primarias no pudo ser más positiva. Lograron una repercusión mediática sin igual con el duelo Borrell-Almunia. El fracaso vino con el triunfo de la burocracia partidista sobre el deseo de los militantes. ¿Alguien podía pensar que un candidato que no era capaz ni siquiera de lograr la confianza de los propios afiliados podría ganar unas elecciones generales?
¿Por qué los funcionarios de los partidos tienen miedo de consultar a los afiliados? ¿Por qué la democracia no empieza por los propios partidos?

