Hace ya un tiempo me uní a los que reclamaban
una reforma de las pensiones. Se trataba de privatizar la gestión de las pensiones pero manteniendo su obligatoriedad. Se podría pensar que obligar a destinar parte de los recursos para poder cobrar una pensión futura limita la libertad individual. Que ahorre el que quiere y el que no que no ahorre. Bueno supongamos que seguimos esas consignas. En este país que nos toca vivir treinta millones de personas deciden no ahorrar para su pensión, llamémosles cigarras, y un millón decide sí ahorrar, llamémosles hormigas. Cuando llegue la edad de jubilación, el millón de hormigas podrá disfrutar de lo ahorrado y descansar en un retiro dorado. Por el contrario las treinta millones de cigarras se verán en una difícil situación al no poder contar con recursos y al no estar en perfectas condiciones físicas para desarrollar su labor en el mercado laboral.
Ante esta situación cualquier político ávido de ganar unas elecciones para acceder al poder (todos) tendrá en su mano una promesa que le abrirá las puertas de sus aspiraciones: impongamos un impuesto a aquellos que tienen mayores rentas (que serán las hormigas) y ayudemos a aquellos que lo necesitan (que serán las cigarras). Nuestro sistema democrático aupará al político vivaz al poder y el nuevo impuesto resolverá la situación de las cigarras.
La culpa es de la democracia, exclamarán nuestros colegas anarcocapitalistas. Hay está el problema, la democracia es la raíz del mal que lamina nuestra libertad individual, exclamarán. Bueno, pues quitemos la democracia, quitemos la policía, quitemos los tribunales. Alguien puede dudar que por mucha compañía de seguridad y por muchas armas que tengan las hormigas, las cigarras tendrán más armas y más medios para arrebatarles los ahorros que fueron acumulando en su vida productiva. Recordemos que hablamos de una proporción de 30 a 1. Una proporción que sería aún mayor si la población llega a la conclusión de va a resultar muy difícil proteger los ahorros, lo que desincentivará ser hormiga y hará preferir ser cigarra.
Como liberal defiendo un sistema que obligue a todos a reservar parte de su renta para un futuro. Esa renta la puede gestionar como él quiera. Podrá elegir entre diferentes empresas financieras que competirán por prestar el mejor servicio. Esta competencia acabará con las ineficiencias de la gestión estatal y con el timo de la pirámide del actual sistema.
Por supuesto que limitará la libertad de las cigarras de gestionar sus rentas, que no de las hormigas que ya decidiría ahorrar haya o no disposición legal. Pero es la forma más sencilla de proteger la libertad de las hormigas de disfrutar sus ahorros. Verdaderamente el Estado actúa como un pacto entre los ciudadanos para evitar posibles ‘
dilemas del prisionero’. De esta manera lo que más le interesaría sería ser cigarra si el otro escoge ser hormiga. Pero si el otro también escoge ser cigarra, será un desastre para ambos ya que no tendrán ninguna ‘hormiga’ a la que gravar a impuestos o robar. La solución más óptima para los dos es hacerse ‘hormigas’ con un pacto, el Estado, que evite situaciones ventajosas por parte de alguno de los dos.