Decía uno de los comentarios
al artículo de Murphy citado en el post anterior que se sentía más seguro en un cine que en la calle, lo que venía a demostrar las ventajas de la seguridad privada. Verdaderamente en el caso de la seguridad estamos ante un bien público gradual. La seguridad es como una cebolla que tiene diferentes capas. A la empresa del cine no le resulta rentable tener su propia compañía de seguridad sino que le es preferible compartirla con el resto de establecimientos del centro comercial. Que sus cines sean más seguros está muy relacionado conque la zona de las tiendas que le rodean sean también más seguras.
Por tanto nos encontramos que aunque la seguridad esté proporcionada por una empresa privada actúa como si de una policía municipal/estatal se tratara ya que su contratación y su retribución son acordadas por la comunidad de propietarios del centro, sin que cada uno de los propietarios pueda decidir cuánto dedicar y a quién contratar de forma individual. Y esto lo saben cuando alquilan o compran una propiedad, pero no lo ven como una limitación a su libertad sino como una eficiente gestión.
Igual ocurre con urbanización, es difícil de lograr la seguridad de una vivienda si se encuentra en una zona muy peligrosa. Tan interesado estará el dueño en garantizar la seguridad de su propiedad como la que rodean.
Otra cuestión diferente es que la gestión de esas capas por parte del Estado sea ineficiente. Pero el problema radica en su gestión, en su reparto, no en la desestatilización. Yo estoy seguro que si los vecinos de un barrio fueran los encargados de ‘dirigir’ la prestación de servicios de seguridad, la delincuencia se reduciría. Recordemos que en la conquista del Oeste, el ‘sheriff’ era elegido democráticamente por los habitantes del pueblo.
Pero la decisión de proveerse de seguridad para esa comunidad, se llame urbanización, centro comercial o polígono industrial, tiene el problema de estar interrelacionada con la seguridad de todo el conjunto que le rodea. Ninguna urbanización de ricos sobreviviría en mitad de Somalia a un precio razonable. Hay determinadas amenazas (terroristas, estafadores o ladrones) con un amplio ámbito de actuación y con estructura de tal tamaño que necesitan unos medios acordes para contrarrestarla. Por esa razón la seguridad proporcionada por esa comunidad resultaría ineficiente por lo que es necesaria que actúe un ente más amplio. Así mismo existen otras amenazas, como un país teocrático con bombas nucleares, que necesitan un proveedor de seguridad con un ámbito de actuación mucho mayor.
Por supuesto que la clave está en la correcta asignación de tareas. No tengo la menor duda de lo ineficiente que resultaría asignar a la OTAN la protección de todos los centros comerciales de sus países miembros o asignar a la policía municipal de Ceuta la defensa de su ciudad ante un ataque marroquí o asignar a Prosegur la disuasión de un ataque nuclear por parte de Irán.