Hay que agradecer el reto lanzado por el diputado catalán
Donaire a la blogsfera liberal. Existen pocos políticos que tengan una bitácora actualizada, aunque cada vez más, pero son escasos aquellos que comentan blogs ajenos y aún más extraños los que se adentran por aguas poco afines.
También tengo que reconocer la capacidad de Donaire para dirigir la discusión hacia sus posturas o hacia aquellas en las que se encuentra más cómodo.
Mi primer post sobre el asunto trataba de las declaraciones de la COPE, que el CAC había criticado, no solo eran opiniones fundadas sino que eran compartidas y asimilables por mí y por un amplio sector de la población.
Rallo le dedicó un post donde mostraba por enésima vez lo contradictorio de la normativa del CAC con el pensamiento liberal porque deriva en
censura. Aún más, el propio sistema de licencias supone una amenaza par el régimen de libertades como bien ha recordado mi compañero de red.
Pero no es por esos derroteros por lo que desea entablar el debate, lo que nos pregunta nuestro amigo parlamentario autonómico es lo siguiente: "Seremos unos fascistas, ¿pero son también fascistas un montón de países de nuestro entorno porque tienen órganos similares al CAC?"
Traté en un
post reciente los peligros que tiene la democracia cuando se convierte en una dictadura de la mayoría que deriva en un régimen totalitario. Efectivamente, muchos instrumentos legales de nuestras democracias pueden llegar a ser compatibles con dictaduras que persigan a minorías. A pesar de ello no es lo habitual. No suele darse el caso que los políticos aprovechen sus atribuciones para aniquilar las libertades de sus vasallos, es decir, de sus gobernados.
Incluso en la única monarquía absolutista de Europa, sus dirigentes no aprovechan todos los resquicios legales. El nombramiento de cardenales en el Vaticano es totalmente discrecional a cargo del Papa. A pesar de esto, Juan XXII nombró cardenales conservadores y Juan Pablo II nombró cardenales reformistas. Ninguno de los dos aprovechó sus prerrogativas para imponer su pensamiento y asegurarse que su sucesor compartiera su doctrina. Algo parecido pasa en las democracias, las mayorías no suelen aprovechar su capacidad para subyugar a las minorías. ¿Por qué? Porque aunque gobiernen las mayorías, precisan que las minorías ‘acepten’ ese gobierno porque de lo contrario supondría la ruptura del sistema.
Probablemente todos los organismos que enumera
el señor Donaire en uno de sus post podrían expedientar a una emisora que no fuese del agrado del pensamiento de la mayoría instalada en el poder. Pero no lo hacen porque la persecución de las minorías supondría la deslegitimación del sistema. Como comenté al principio del post, lo que les molesta de la COPE es que muestra una visión alejada del ‘oasis’ catalán que marca el nacionalismo. Pero la razón de nuestra reacción en defensa de la emisora es porque dicha medida es un paso más de la criminalización del pensamiento de centroderecha español, lo que ha llevado a sus seguidores
a tomar la calle como nunca antes lo habían hecho.
Porque la campaña de persecución viene de lejos.
Asalto a las sedes del PP,
detención ilegal de militantes del PP,
las mentiras sobre el apoyo a la constitución en pleno debate sobre el Plan Ibarreche, acusaciones de un ex-ministro del Interior de que
en las victorias electorales del PP se produjo un ‘golpe civil’,
concesión de licencias de TV análogica a medios afines se niega a aquellas TV que ya poseen licencia digital, la persecución de cualquier dirigente empresarial que puedan considerar no-afín (BBVA, Repsol, Endesa,...) y, ahora, las
declaraciones amenazadoras contra una emisora de radio.
El ataque a la emisora de radio COPE ha sido tan descarada y tan ruin, que se ha considerado una afrenta a la libertad de expresión y ha supuesto la reacción en contra de personas tan poco sospechosas de simpatizar con el pensamiento del centro-derecha como
el director de 20 minutos o
los editoriales de El País y de El Panfleto fascista del Tripartito. Pero lo realmente importante es que los millones de oyentes que libremente escuchamos la emisora no vamos a quedarnos callados ante su cierre. Porque una minoría no puede quedarse callada cuando la mayoría pisotea su libertad.
Que todo esto haya empezado en Cataluña no es casualidad. Cuando Aznar retiró a
Vidal Cuadras al frente del PP catalán a pesar de sus éxitos electorales, estaba acallando la voz de la minoría. Y cuando cedes ante un ataque totalitario, al final, estás sentando las bases del fin de tu libertad.
Mañana publicaré un post sobre la lección que la FCC norteamericana puede dar al CAC sobre respeto a la libertad de expresión.