El nombramiento de un
nuevo gobernador en la Reserva Federal ha traído de nuevo a la blogsfera el tema de la inflación. Es curioso que un hecho económico tan relevante y comentado y que afecta al comportamiento de una gran cantidad de agentes esté basado en un dato apartado por una encuesta. Cuando nos encontramos ante un mercado diversificado en oferentes y en gama de productos, no podemos más que constatar la dificultad de hallar una medida acertada del aumento de los precios.
Pero además del puro margen de confianza estadístico también tenemos que tener en cuenta la constante evolución de los productos. Pongamos un ejemplo. Si comparamos el precio de un teléfono móvil de hace cinco años con ese mismo móvil en la actualidad comprobaremos que ha bajado considerablemente. Si comparamos el precio del móvil stardard de hace cinco años con otro standard de la actualidad, comprobaremos que no ha existido esa rebaja del precio. Justamente lo que compara el IPC es la cesta de la compra tipo en cada momento del tiempo, lo que supone ir cambiando los productos que la componen. Esto supone desvirtuar la propia medida.
Casos hay muchísimos. Además de los móviles con cámara, piensen en los coches con airbag, los yogures con bifidus, los ordenadores más veloces, las televisiones más planas, los reproductores de DVD con grabadora, las viviendas mejor aisladas del exterior, los diccionarios en CD, las calculadoras con más funciones, los zapatos más cómodos, los congeladores no frost, la velocidad de las líneas ADSL,... Existen multitud de productos que han experimentado una importante mejora para el consumidor. El precio de los productos que han permanecido sin innovaciones ha bajado de precio hasta llegar a desaparecer ya que los consumidores prefieren las nuevas aportaciones. Más prestaciones por un precio igual o similar.
Si ahora obtenemos unos mejores productos por un 2% más del precio del que pagábamos por otros peores, ¿supone que se produce una inflación del 2% o una deflación? En mi modesta opinión lo que ocurre realmente es una deflación, es decir, unas mismas características o funciones las podemos adquirir por un precio más reducido. Y lo más importante, se produce deflación y no existe crisis en el consumo. La teoría de que la deflación produce una caída del consumo es simplemente irreal. Un mínimo porcentaje de consumidores deja de comprar productos de consumo por el hecho de que lo pueda hacer en el futuro en mejores condiciones. Por tanto la política monetaria de aumentar la masa monetaria al parejo del incremento del PIB para impedir la deflación, es absolutamente prescindible porque no aporta nada positivo y sí muchos peligros negativos. Y así mismo se debe poner en duda la política de restricción de la masa monetaria para evitar la inflación cuando lo que ocurre realmente es una deflación.
Por tanto habría que separar la pérdida de valor del dinero debido a su emisión excesiva con la consiguiente pérdida para los ciudadanos, de lo que se calcula en el IPC que no es más que una entelequia estadística.