¡Estoy impaciente!
Mi entrada en Red Progresista puede ser cuestión de días, horas o minutos. Mi pregunta pidiendo una definición de qué es la izquierda por fin tiene respuesta. ¡Y yo encajo en ella! No ha sido fácil. La mayoría ha preferido lanzar exabruptos sobre lo que es el liberalismo. Nada menos que en ¡ocho! ocasiones los chicos de Red Progresista han intentado definir el liberalismo. Y eso que en liberalismo.org lo han hecho ya desde hace tiempo. Eso sí, no esperéis citas de Smith, Hayek, Mises o Friedman. Tampoco esperéis enlaces con
El Cato,
Adam Smith Institute o la
Sociedad Mont Pelerin. Nada, nada, ni economistas famosos, ni premios nobles,... los chicos progres se bastan por ellos mismos para definir por su cuenta que es el liberalismo.
En la batalla ideológica a la que nos enfrentamos, decía Hayek que lo más importante es que nos percatemos exactamente de cual es nuestro credo. Y en eso los liberales lo tenemos clarísimo, estemos en
Red Liberal, en
liberalismo.org, en
Juventudes Liberales o en el
Instituto Juan de Mariana. Los que se autodenominan de izquierdas parece que no lo tienen tanto. Pero al fin alguien escribe un
post coherente que contesta
mi post anterior y dice que la
‘izquierda es a igualatarismo’. Pone un ejemplo histórico, cuando la izquierda defendía la abolición de privilegios. Y es cierto, a finales del siglo XVIII los liberales eran la izquierda. En la lucha contra el carlismo, los defensores más radicales de las posturas liberales eran los progresistas. Los conservadores eran aquellos que querían una transición más pausada y gradual a la hora de desmantelar el antiguo régimen. Dice Lluis que los más a la izquierda eran aquellos que más vehementemente defendían el fin de los privilegios a la nobleza y al clero. Ahora la nobleza no es la que tiene los privilegios, ahora son otros los que tienen los privilegios: las farmacias, los agricultores, los empresarios textiles, los funcionarios, las cámaras de comercio, el pequeño comercio, los sindicatos, las patronales, los concejales de urbanismo, los taxistas, los ‘artistas’ y, sobre todo, los políticos. Contra ellos luchamos los liberales de hoy igual que los de antaño. Por tanto respondiendo a esa distribución de Lluis, los liberales somos la izquierda.
¿Cuándo se desmoronó este planteamiento? Pues fue con la aparición de las ideas socialistas y sus derivaciones: comunismo, fascismo y nacional-socialismo. Todas estas ideas perseguían la igualdad... mediante la imposición de nuevos privilegios. La nueva nobleza serían los mandatarios que desde las alturas dirigirían las vidas de los gobernados de forma absoluta.
Owell retrató certeramente estas ideas: todos eran iguales pero unos más iguales que otros. Para lograrlo, esa nueva izquierda violó una de los derechos del hombre que el liberalismo había considerado como natural:
la propiedad. Nadie mejor que
Ayn Ryand respondió a esa falacia de ‘De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades’.
Pero en esta nueva izquierda también era plural. Todos coincidían en el igualatarismo, o sea, en la persecución de la diferencia y del diferente. Si unos perseguían a los ateos, los otros perseguían a los religiosos. Pero se separaban entre los socialistas internacionalistas y los socialistas nacionalistas. Y para escenificar esas diferencias se situaron en los dos extremos en el parlamento alemán de la República de Weimar. Antes de comenzar los improperios, ruego a los progres que comparen los programas electorales de la
Falange y del
Partido Comunista de los Pueblos de España. Ambos persiguen la igualdad... persiguiendo al diferente. A mí una vez que me coartan la libertad me da igual que pongan una bandera roja o rojigualda, me importa un comino como se clasifiquen entre ellos.
Atendiendo a la definición de Lluis del segundo párrafo, yo soy de izquiedas y progresista. Alguien me quiere decir si hay alguna ideología más progresista que aquella que confía en cada individuo para que juntos hagamos una sociedad mejor. Una ideología que cree que no hay ciudadanos de primera y de segunda clase, que no tiene que haber gobernantes ni gobernados. Una ideología que quiere desterrar a todos los gobernantes
absolutos ; lo sean por herencia, por las armas, por una revolución o por unas elecciones. Además soy de extrema-izquierda porque ante la libertad no soy moderado, ni timorato, ni paciente, ni busco el consenso ni busco ningún pacto. Soy radical, extremista y un luchador contra los privilegios para unos pocos que me obliga a pagar a cineastas por unas películas que no quiero ver, que me obligan a comprar a unos agricultores por unos cereales que otros me venden más barato, que me impiden a abrir una farmacia, que prohíben a una tienda vender en el horario que quiera, que pone en peligro mi jubilación, que impone una educación para mis hijos,... y, por encima de todo, que otorga poderes a un político para que dirija mi vida y aniquile mis derechos naturales.