En ningún otro sitio más que en
Red Liberal se puede establecer un debate tan lleno de matices y con posturas tan enfrentadas y plurales. A los que acusan a esta página web de recoger las posturas monolíticas de la blogsfera seguidora de Jiménez Losantos, tienen una oportunidad de comprobar su falsedad en el debate sobre las bombas atómicas que ha tenido lugar estos días pasados. Un animado debate a pesar de estar en el lánguido Agosto. Aunque las opiniones son muy diversas y podemos decir que existen tantas posiciones como blogeros podemos determinar que algunos nos hemos situado en la comprensión como
Isidro,
Alberto,
Adam,
Benedetti y yo mismo a través de dos artículos (
I y
II). Por otra parte,
Rallo y
Smith se han mostrado en un posicionamiento condenatorio de este hecho.
No voy a retomar el debate de las bombas atómicas porque considera que ya ha sido bastante tratado en los post y comentarios en las bitácoras antes citadas. En lo que me quiero centrar es en una de las argumentaciones más inmorales que he escuchado en dicha discusión: el número de muertos a la vez y su condición de civiles.
Una de las cosas que más me gustan de las bitácoras es que no siguen los patrones miméticos de los medios de comunicación tradicionales que hace que la información esté estandarizada. Si mueren veinte personas en un accidente del tren es la noticia del día. Que todos los fines de semana mueran veinte personas en accidentes de coche no ocupa ni una columna. No me negaran que es una incoherencia. Como es una incoherencia que nos tengamos que ‘tragar’ todos los años y en todas las televisiones y periódicos una amplia cobertura informativa sobre los doscientos mil japoneses muertos por la bomba atómica ¿Cuánto tiempo ocupa en los medios de comunicación el recuerdo de los CINCUENTA MILLONES de muertos que provocó la II Guerra Mundial? Si ya sé, esos cincuenta se produjeron a lo largo de varios años. ¿Y? ¿Por qué no recordamos todos los años los responsables de esas muertes y a los que lograron acabar aquella pesadilla? ¿Por qué no nos machacan con recuerdo de los sobrevivientes, con imágenes de la época, con estadísticas, con gráficos, ...?
Otro de los argumentos que más me chirrían es diferenciar entre víctimas civiles y militares. Al parecer algunas personas consideran de menor valor las vidas de personas vestidas de verdes que de otras vestidas a colores. ¿Por qué? ¿Por qué la vida de un muchacho de 18 años de Arkansas que en su vida salió de su pueblo y que lo reclutan para llevarlo a Europa con una metralleta vale menos que la de un civil afiliado al partido nazi que escupía a los judíos cuando se los llevaban a los campos de concentración? ¿Acaso es menos grave que ETA mate a un militar o un guardia civil que asesine a un fontanero o un carpintero? Algunos dicen que los civiles no son los que deciden las operaciones militares. ¿Y un soldado las decide? ¿Y un cabo? ¿Y un sargento? ¿Y...?
Dice Smith que
‘Ya te acuerdas de la que se montó con Couso y demás. Bueno, pues 240.000 Cousos de tropezón, ¿qué te parecen?’ En la blogsfera no podemos dejarnos llevar por el arrastre del pensamiento único progre. Ya comenté
en un post el diferente tratamiento entre las muertes de Couso y Anguita Parrado. ¿Por qué nadie repite machaconamente la muerte del periodista de ‘El Mundo’? ¿Por qué nadie pide que la Audiencia Nacional localice al asesino de Anguita? ¿Por qué no se ‘montó’ lo mismo en la muerte de uno y de otro? Yo te lo diré. Porque a uno lo mataron los odiosos americanos y al otro no.
No caigamos en la manipulación de los muertos que nos quieren hacer. Los japoneses hacen un despliegue mediático impresionante dos veces al año para recordar sus doscientos mil muertos. Y todos nos acordamos de sus muertos. ¿Pero quién se acuerda de los doce millones de chinos asesinados por los japoneses? ¿Y quién se acuerda de las mujeres violadas o de los bebes acuchillados? No es un asunto de civiles o militares, digamos sarcásticamente que es un asunto de marketing cadavérico.
Ante todo esto, cuatro locos blogeros levantamos la voz. Sabemos que no será muy escuchada dentro del enorme ruido que hace el pensamiento único. Pero no por ello debemos callar.