Con motivo del aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Japón vuelven de nuevo a escucharse los mismos refritos pacifistas pidiendo que nunca se vuelva a repetir. ¿Qué es lo que nunca se tiene que repetir? El lanzamiento de una bomba atómica para impedir que una dictadura militar mate a millones de personas para saciar sus ansias imperialistas. Es mejor dejar que todos los sanguinarios campen por los países violando mujeres y asesinando niños.
Los responsables de las muertes en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki fueron el emperador
Hirohito y la oligarquía militar encabezada por
Hideki Tojo que iniciaron una guerra cruel e inhumana en la costa del Pacífico provocando millones de muertos. A pesar de estar en pleno retroceso en el frente de batalla, el gobierno nipón se negaba a aceptar la rendición propuesta en
Postdam.
Las armas nunca son una amenaza para la paz, ni la bomba atómica ni ninguna otra. La verdadera amenaza para la paz son los tiranos que embarcan a sus pueblos en locuras megalómanas para invadir otros países. Las armas en manos de países libres son la garantía de paz ya que disuaden a los tiranos aventurarse en guerras. Ya lo expresaba Margaret Thatcher cuando decía que
‘Las guerras no son causadas porque se construyan armas. Son causadas cuando un agresor cree que puede alcanzar sus objetivos a un precio aceptable’.
La bomba atómica liberó al mundo del fanatismo nacionalista que gobernaba Japón y disuadió al poder soviético de ampliar su radio acción en la Europa occidental. Pero el ser un país libre no garantiza la victoria bélica y sino que se lo pregunten a Bélgica o Francia cuando fueron invadidas por las tropas nazis. Esto obliga a un esfuerzo constante en innovar para lograr disuadir acciones agresivas. Este era el objetivo marcado por la
‘Guerra de las Galaxias’ emprendida por Reagan que tenía un objeto defensivo al inutilizar la amenaza de las bombas atómicas. Ese proyecto fue uno de los puntales que empujó al desmoronamiento al poder soviético. Si contáramos actualmente con esa herramienta en la actualidad no estaríamos sufriendo el chantaje de regímenes como el de Irán o Corea del Norte.
A raíz de esta polémica se produjo un interesante debate en el
blog de Jessica sobre si son lícitos los ataques a los civiles como los efectuados en Hiroshima o en Dresde. Pensar en reglas de guerra o en diferenciar entre civiles y militares es anacrónico. Son cuestiones de la Primera Guerra Mundial, donde las batallas se efectuaban en un campo concreto salpicado de trincheras. Incluso había un horario para los enfrentamientos armados. Todo esto pasó a la historia cuando Hitler emprendió sus guerras relámpagos con sus tanques ante lo que la
Línea
Maginot resultó inservible. Desde aquel momento el campo de batalla es tan amplio como cualquiera de los dos combatientes pueda utilizar.
Me llama muchísimo la atención la diferenciación entre víctimas civiles y militares. ¿Acaso no tenemos que lamentar de igual forma la muerte de un joven de veinte años que ha sido reclutado forzosamente como la de otro de diecinueve que sigue como civil? ¿Qué grado de corresponsabilidad se puede exigir a los alemanes y a los japoneses de la actuación de sus líderes? ¿Aquellas multitudes aclamando a Hitler eran tan inocentes como los judíos de Polonia o las mujeres chinas? ¿Cuántos alemanes y japoneses se alzaron contra un gobierno cruel que asesinaba a millones de extranjeros?