Ya se ha convertido en una tradición que la revista ‘Actualidad Económica’ publique todos los veranos
la lista de los españoles más influyentes fruto de una encuesta entre dirigentes empresariales. En la mayoría de ocasiones dicha lista ha estado encabezada por el presidente de gobierno de turno excepto en el período de gobiernos en minoría donde se encontraba al frente el otrora honorable Jordi Pujol. En un país donde la sociedad civil es inexistente y donde el poder político resulta asfixiante es algo normal que se produzca este hecho.
Entre los inversores británicos resultó sorprendente las prisas de los directivos del BSCH por explicar la compra del Abbey ante el Ministerio del Tesoro y los supervisores bancarios. ¿Para qué si quien tenía que tomar la decisión eran los accionistas del banco inglés? Por el contrario a ningún español le ha extrañado que el presidente de France Telecom se entrevistará con urgencia con el ministro Montilla antes de anunciar la compra de ‘Amena’. Por no retomar el tema de la OPA del BBVA en Italia. En el triángulo latino el poder político es ilimitado... y los empresarios lo saben.
Pero este año no ha sido así. La lista de más influyentes está encabezada por un banquero: Emilio Botín. ¿Han cambiado las cosas en España? Miremos el segundo puesto: Mariano Rajoy. ¡Otra sorpresa! Un líder de la oposición sin ningún poder ‘real’ ocupa la posición que tenía Aznar en aquellos primeros años en La Moncloa sin mayoría absoluta. Sigamos bajando, en el tercer puesto encontramos a Polanco. Ninguna sorpresa. Después de todo una de sus sucursales es la que gestiona La Moncloa actualmente. Y tenemos que bajar hasta el cuarto puesto para encontrar al presidente del gobierno: Rodríguez Zapatero.
¿Significa esto que tenemos un poder político limitado en nuestro país? Más bien no. ZP ocupó el primer puesto el año pasado, al poco de su llegada al poder. Todo el mundo entiende, entendía, que la persona más influyente de este país es, era, la persona que residía en el Palacio de La Moncloa. Pero con ZP esto se ha acabado. El poder político sigue teniendo el poder arrollador que invade todos los poros de la sociedad pero no es ZP el que está gobernando. En una situación de caos en la que las comunidades autónomas cada vez tienen más poder, en que las oligarquías locales de todas las regiones reclaman la ampliación de poder a través de las reformas de los estatutos, en la que no se toman decisiones en la política económica y donde no tenemos política exterior; quien gobierna no es ZP.
Un personaje que es capaz de decirle a todo que sí en política social a Llamazares y a Blari ¡en la misma semana! Un personaje cuyo eje programático es sustituir el Foro Formentor por la más rimbombante denominación de ‘Alianza de Civilizaciones’. El día que se acabe el quinto centenario del Quijote y la gente se aburra de su anticlericalismo, se acabará la ideología de ZP. Un presidente del gobierno sin ideas ni rumbo sirve para enchufar a alguien que no logró acabar la carrera de Derecho como Secretario General del PSOE o para que su esposa bucee en la piscina de la Guardia Civil, pero está claro que no para influir en la sociedad ni en el país. Como dice la sabiduría popular: ‘Estamos ante un presidente que parece puesto por el ayuntamiento’.