El axioma de que la calle es de la izquierda se está rompiendo en estas tres semanas donde la derecha sociológica protagoniza tres manifestaciones. Desde la llegada de la democracia y hasta el año 2002, la práctica totalidad de las
grandes manifestaciones realizadas en España fueron convocadas contra el terrorismo. El resto de las protestas estaban protagonizadas por colectivos laborales o agrícolas.
Pero en la pasada legislatura llegaron dos movimientos que provocaron una fuerte crispación en la calle: el ‘Prestige’ y la ‘Guerra de Irak’. Lo llamativo de esas campañas es que tenían un efecto partidista elevadísimo. Eran protestas contra un gobierno elegido democráticamente sobre la base de un razonamiento débil. Es lógico que nadie esté a favor de que un petrolero lance una marea negra sobre el mar, llámese ‘Prestige’ o ‘Mar Egeo’, pero a raíz de los resultados electores en la ‘Costa de la Muerte’ no parece que los principales afectados responsabilizaran al PP del suceso.
De la misma forma nadie se muestra a favor de la existencia de una situación bélica per se. Pero resultaba chirriante que si los españoles estábamos tan atormentados por la ausencia de paz en la escena internacional, esas enormes manifestaciones no se repitieran durante la intervención francesa en
Costa de Marfil y
otros países
africanos.
Lo que subyacía en esas movilizaciones era la criminalización de una formación política, el PP, que había obtenido una mayoría absoluta en las elecciones legislativas ante la sorpresa de propios y extraños. Y esa persecución tuvo su éxtasis en la jornada de reflexión del 13 de Marzo.
Lo grave es que esa criminalización continua cuando el PP está en la oposición. En la actualidad parece que la
policía y el
Fiscal General del Estado están más preocupados en la ilegalización del PP que en la de PCTV-Batasuna y en hallar a los responsables del delito electoral de violación de la jornada de reflexión. Esta búsqueda de la eliminación del oponente político es tremendamente grave porque afecta a la quintaesencia de la democracia. Se está rompiendo la regla que establecía Churchill por la que ‘La democracia es el sistema político en el cual, cuando alguien llama a la puerta de calle a la seis de la mañana, se sabe que es el lechero’.
Ante esta avalancha, aquellos que no tienen las mismas ideas que la progresía y el nacionalismo oficial tienen dos alternativas. Encerrarse en casa y no expresas sus ideas para que no les tachen de fachas o salir a la calle y defender lo que creen. La lucha implacable contra el terrorismo, el rechazo a los chantajes nacionalistas o la defensa de los derechos de los niños a tener un padre y una madre son ideas que miles de personas están defendiendo en la calle. Se puede estar de acuerdo con ellas o no, pero al menos rompen el panorama de pensamiento único y permiten que los españoles podemos tener ideas diferentes.