Todos conocemos las
tres misiones que Adam Smith asignaba al Estado: proteger a la sociedad de la violencia, establecer una administración de justicia y
establecer y sostener aquellas instituciones y obras publicas que, aun siendo ventajosas en sumo grado a toda la sociedad, son, no obstante, de tal naturaleza que la utilidad nunca podría recompensar su costo a un individuo o a un corto numero de ellos, y, por lo mismo, no debe esperarse que estos se aventuren a fundarlas ni a mantenerlas.
Ha sido precisamente esta última, por ser la más indefinida, la que provoca más controversia a la hora de establecer la gestión de la ‘res pública’. Pero el avance de la tecnología es la que solventando esta cuestión. Si uno de los ejemplos más recurrentes de las obligaciones del Estado han sido las dificultades de ‘individualizar’ el uso de las carreteras, recientemente el
gobierno británico ha presentado en la
Social Market Foundation un proyecto que permitirá imputar un precio por cada kilómetro recorrido en función del horario y del tipo de vía. Los automovilistas británicos han recibido con agrado la idea siempre que eso suponga la supresión de los impuestos que actualmente gravan a los automóviles.
Pero no se emocionen amigos liberales, este avance tecnológico no será utilizado para fomentar la competencia en los servicios de carreteras sino que el Estado británico pretende arrogarse el monopolio absoluto y por tanto el establecimiento de precios. El gobierno británico tiene una nueva capacidad para ‘freír’ de impuestos a sus vasallos, perdón, ahora se les llama ciudadanos y para aumentar su capacidad de vigilancia en perjuicio de la privacidad de sus vasallos, ¡vaya estoy hoy tonto!, quiero decir de sus ciudadanos. Que el gobierno tenga la capacidad de saber en que sitio y a que hora están circulando todos los automóviles no deja de ser preocupante.
Es una pena que cuando la tecnología nos permite ser más libres, el Estado la aproveche para expandirse . De todas maneras considero que es una gran noticia. Muestra que la capacidad tecnológica desmonta uno de los argumentos de los defensores de la actuación indiscriminada del Estado. No tengo duda de que si Adam Smith levantara la cabeza... también se alegraría de la noticia.