Poco se puede añadir sobre
la manifestación del sábado. Que una minoría quiera alcanzar por la violencia, lo que no logra en las urnas es algo a lo que nos hemos tenido que acostumbrar en estos años de sufrimiento terrorista. Que un gobierno quiera satisfacer las ansías de sus aliados políticos revistiéndolo de concesiones a los terroristas es algo que nunca podremos acostumbrarnos.
Todos hemos visto las lamentaciones al final de cada atentado de aquellos que al día siguiente alentaban a los brazos políticos o mediáticos de los terroristas a seguir en la vida pública para lograr unos fines coincidentes.
Hoy ETA sigue decidiendo en el Parlamento Vasco. Ningún juez ha podido pronunciarse sobre la licitud del Partido Comunista de las Tierras Vascas. Y no ha podido porque el gobierno ha decidido reventar el pacto antiterrorista y jugar al ajedrez dando un protagonismo a ETA como hace mucho no tenía.
En las vascongadas no existe la libertad ni la democracia. En otras zonas el objetivo de los terroristas es ocupar el poder y para ello atacan a las instituciones que lo ejercen. En vascongadas ocurre lo contrario. Los asesinados son los que permanecen en la oposición mientras los que están en el poder se esfuerzan en comprender a los asesinos y no a las víctimas.
A pesar de los numerosos muertos provocados por ETA, en ningún momento los agredidos se han decantado por la violencia como en otros lugares. Esa valentía por resistir pacíficamente ha sido tomada por el gobierno como un síntoma de que su postura no necesita ser tomada en cuenta. Esa es la recompensa del gobierno a la apuesta por la paz y la legalidad.
Ahora desde determinados medios se acusa a las víctimas de hacer político pero a la vez aplauden que el gobierno incentive a los terroristas para que hagan política. Algunos están deseosos de escuchar a los terroristas y de cerrar la boca a las víctimas. Impidámoslo este sábado.