HORA: 7.10 PM
LUGAR: DOMICILIO
-¡Hola! ... Es que se empeñó en ir a la tienda de videojuegos ... Sí, he comprado todo lo que estaba en la lista. ¿Cenamos anchoa hoy? ... Vale ... Ya lo pongo yo en la cocinera electrónica.
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Pues sí hoy cenamos anchoa. ¿Por qué les llama la atención, hombres del pasado? ... Ya ... Pues sí, nosotros ya hemos solucionado esos problemas. La verdad es que la solución es muy simple, el mar es propiedad privada ... ¿Les extraña? ... En su época sería diferente. Pero, ¿por qué ven extraño el caso del mar cuando en sus tiempos la tierra era ya propiedad privada? De ustedes heredamos un mar sobre-explotado y con un gran número de especies marítimas extinguidas. De la misma forma que las "Enclousures Acts" que cercaron el campo inglés a finales del siglo XVIII, para acabar con la sobre-explotación del mar que amenazaba la existencia de pesca se introdujo la propiedad privada del mar. Ahora existen numeroso "ganado de peces" en el mar y es una de las bases de nuestra alimentación.
Incluso la atmósfera es propiedad privada para conseguir acabar con el deterioro que sufrió por ser un bien comunal durante mucho tiempo. La atmósfera se divide en partes iguales de diez grados de latitud y veinte de longitud. Los propietarios de esas partes o parcelas del aire son las sociedades mercantiles de las comunidades, centros de trabajo (una especie de polígonos industriales), centros comerciales o explotaciones agromarineras. Después esas parcelas se dividen en cuatro zonas según los límites del Trópico de Cáncer, Ecuador y el Trópico de Capricornio. La gestión de cada una de las zonas se subcontrata por una cantidad fija a empresas encargadas de averiguar si la atmósfera se deteriora y por causa de quién.
Si una empresa quiere echar residuos al aire debe pagar a la Sociedad de la Atmósfera correspondiente un precio fijado por la oferta y la demanda, por ejemplo la que controla la zona Trópico de Cáncer-Ecuador. Pero la Junta de Accionistas marca unos límites para que no se abuse de la capacidad de la atmósfera de asimilar agentes contaminantes. Los consejos de administración de las Sociedades de la Atmósfera controlan que las empresas subcontratadas realicen una gestión eficiente y cumplan dichos límites. Además existe una auditoría medioambiental externa. Pero para mayor seguridad cualquier accionista directo o indirecto puede denunciar en la Junta de Accionistas el no respeto de los límites. Con que un 10% de los accionistas directos de las Sociedades de la Atmósfera lo pida es posible denunciar el contrato con la empresa gestora.
Estas sociedades tienen además otras inversiones como por ejemplos los bosques siberianos y los del Amazonas. Deben reconocer hombres del pasado que no nos han transmitido un planeta excesivamente cuidado. El caso del bosque amazónico es representativo. Ahora es un verdadero "pulmón" para el planeta y en él se conservan numerosas especies animales y vegetales. La zona es propiedad de la Cia. Selvática del Amazonas. Sus principales accionistas son la Fundación por la Conservación del Amazonas con un 20%, otras fundaciones con un 5%, la Sociedad de la Atmósfera Ecuador-Trópico de Capricornio con un 10%, las otras tres sociedades de la atmósfera con un 15%, la Disney Company con un 15% y la National Geographic Company con un 10%. El restante 25% es propiedad de pequeños accionistas y cotiza en las principales bolsas del mundo. La compañía que explota la Selva del Amazonas consigue recursos por varias vías.
Existen en la selva varios laboratorios de empresas, especialmente farmacéuticas, que pagan por ello. Además en la selva se realizan numerosos documentales televisivos e investigaciones para revistas. Además la Disney Company gestiona los recorridos turísticos y dispone de un parque ecológico de atracciones en los aledaños a la reserva natural. La Cía. Selvática del Amazonas suele presentar sus cuentas con beneficios aunque su rentabilidad no es espectacular, sus estatutos establecen que las sociedades de la atmósfera no perciban los posibles dividendos ya que se consideran remunerados por el oxígeno producido.
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Hombres del pasado, si quieren comprender por qué las personas son accionistas de esta compañía cuando invirtiendo en otras obtendrían mayor rentabilidad deben tener claro el concepto de "responsabilidad individual". Conociendo la historia de nuestra planeta nos hemos dado cuenta que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de cómo es el presente y será el futuro. Es lo mismo que ocurre cuando compramos un cuadro, no para ganar dinero, sino para admirarlo. Los casos de colecciones pictóricas privadas puestas a disposición de todo el público ya era normal en su época, ahora hemos comprendido que no solo los multimillonarios tienen esa responsabilidad. Por eso cuando empresas de este tipo de acciones cotiza en bolsa, su precio no depende tanto de los beneficios conseguidos como por ejemplo del nacimiento de una cría de una especie en peligro de extinción. La existencia de dueños con nombres y apellidos y de bolsas que hacen que la información sea pública son un buen instrumento para evitar una mala gestión de recursos tan importantes.
Yo mismo soy accionista de British Museum Ltd. que además del museo londinense posee la Acrópolis de Atenas (que llegó a encontrarse en un estado muy abandonado), varias pirámides egipcias y el Taj-Mahal entre otros monumentos . La empresa dispone de numerosas filiales para rentabilizar estas posesiones como revistas, hoteles, agencias de viajes, una cadena de TV, enciclopedias... A pesar de ello la empresa siempre ha tenido pérdidas por culpa de las grandes inversiones realizadas a causa del estado a veces ruinoso de los monumentos que posee. Pero el objeto social de la empresa no es obtener beneficios sino la conservación y divulgación de los monumentos que posee de la forma más eficiente. En su accionariado se encuentran accionistas individuales, fundaciones y empresas como Shell, Prudential Insurances, Barclays, ...
Nota: el artículo que debería publicarse mañana a la misma hora se traslada al domingo, no vaya a ser que alguien no vaya a la manifestación por leerlo.