Los lectores que me acompañan en este blog desde hace tiempo, a los que agradezco su presencia y sus comentarios que son tan vitales para su existencia como el autor, conocen las características comunes a todos los post. Se trata de comentarios de la actualidad desde la perspectiva liberal o de planteamientos o propuestas para vivir en una sociedad más libre. Pero el objeto de este post es presentar una serie de artículos que aparecerán en esta su bitácora amiga durante esta semana durante todos los días a partir de las 17.00 (un poco más tarde para lo que me lean desde red liberal) bajo el título ‘Tiempo de libertad’. Se trata de un recorrido por un mundo futuro donde un cicerone de esa época nos presentará como una sociedad puede ser distinta.
A pesar de que parece ridículo defender que el interés de la gran mayoría es adquirir productos al menor precio posible por evidente, aún es necesario advertir de la pobreza e injusticias que provocan los aranceles. Los ciudadanos nos hemos acostumbrados a pagar más por unos productos por ser de otro país, a pagar impuestos forzosos, a ver limitada nuestra libertad y nuestra prosperidad, a padecer la injusticia ejercida desde los poderes políticos,... Nos hemos acostumbrado a una situación que no es normal. Hemos olvidado la capacidad de cuestionar las cosas.
El relato que se presentará a lo largo de esta semana es un simple retrato de una sociedad donde no existe el Estado, porque efectivamente el estado puede no existir. Los que me han seguido, saben que me muestro partidario de las medidas de
estado mínimo y
gobierno limitado más que del
anarcocapitalismo. Soy, además, firme defensor del posibilismo político por lo que no considero factible en medio de un debate concreto tirar por elevación para criticar un paso positivo. Pero no por ello pierdo la referencia que se debe ‘examinar’ severamente cualquier actuación de coerción colectiva.
Espero que el relato les ayude para mantener los ojos y la mente abierta para no ver normal lo que puede no ser normal.