La actual gira europea del presidente Bush está llena de espléndidos discursos y magníficos gestos. En su parada en los países bálticos, el presidente norteamericano dijo que la responsabilidad de los países libres es ayudar a que también lo sean aquellas que no la disfrutan. ¡Qué diferencia con nuestros políticos que se pasean por La Habana bebiendo ‘mojitos’ y tomando el sol! ¡Qué diferencia con todos aquellos que permanecen impasibles ante las dictaduras de otros países! Sé me dirá que una cosa son las palabras y otra los hechos. Es verdad, pero es que por parte de otros políticos no tenemos ni uno ni lo otro.
Más importante me han parecido la petición de perdón por la actuación de los países democráticos en Yalta donde abandonaron a media Europa en las garras del comunismo. Es cierto que tras una guerra desoladora era prácticamente imposible emprender otra contra el imperio comunista, pero esa petición nos recuerda que el fin de la segunda guerra mundial no supuso la victoria de la guerra contra la tiranía, solo se gano una batalla. En una fecha tan señala como en la que nos encontramos, en la que se celebran los sesenta años del final del régimen nazi, es conveniente recordar que no fue una guerra entre el fascismo y la libertad. En la contienda participaron tres concepciones diferentes de organizar la sociedad: la democracia, el comunismo y el fascismo. En ella se venció al fascismo pero otra forma de tiranía continuó sometiendo a media Europa: el comunismo. No fue hasta el final de la Guerra Fría cuando toda Europa pudo disfrutar de libertad y democracia.
Esta lectura es importante también en clave nacional a pesar de que nuestro país no participó en la Segunda Guerra Mundial. Estamos cansados de escuchar que nuestra guerra civil fue un prólogo de la guerra mundial en la que se enfrentaron democracia y fascismo. Craso error. Aunque hubieran demócratas en ambos bandos, representaban un ínfimo porcentaje sobre el total. En el bando nacional lo formaban principalmente falangistas y defensores de la dictadura militar. En el bando republicano eran mayoritarios los socialistas, los comunistas y los anarquistas que querían instaurar un régimen revolucionario de corte soviético. Ninguno de los bandos defendía ni la libertad ni la democracia. Por desgracia, ganara quien ganara, los españoles estaban condenados a soportar una dictadura de un signo o de otro. Y esto no lo podemos olvidar a pesar de los intentos de mitificar y revisar la historia que tienen ciertos sectores de nuestro país.
Gracias al presidente Bush por recordarnos estos aspectos en este aniversario. Ante el horro del fascismo, no podemos minusvalorar la maldad del comunismo.