Muchos ya me conocéis tras estos meses posteando en esta bitácora. Soy un asqueroso neocon que osa arrogarse la etiqueta de liberal a pesar de mis ideas ‘peligrosas’. Hay otros bloggers que sí defienden las libertades. Incluso existe un
guía que desde la tribuna de ‘Expansión’ sirve de faro a los chicos de
ciberpunk. En
uno de sus últimos artículos este guía suelta la siguiente joya:
'Mientras subsista la esperanza irracional de que estos productos nos pueden hacer inmediatamente ricos, nadie estará dispuesto a intervenir en sociedades organizadas expresamente para la construcción de obras hidráulicas en el río Congo, por decir algo'.
Solo estoy de acuerdo con las tres últimas palabras. Hablar por decir algo. Así que existe una esperanza irracional de los inversores que impide que emprendan proyectos en África. Pero lo curioso es que eso no afecta al primer mundo. ¿Por qué la gente invierte en obras hidráulicas o en concesiones de autopistas en el primer mundo no están ‘cegados’ por la especulación financiera?
Aún iría más allá. La rentabilidad potencial de una inversión en África es mucho mayor que la realizada en una país del primer mundo debido a la mayor capacidad de crecimiento de su economía. Cualquier empresario sabe que es más fácil obtener altas rentabilidades en mercados en crecimiento que en mercados maduros. Por tanto el interés de los malvados especuladores que quieren obtener grandes beneficios debería ser mayor en acceder al mercado africano que en inviertir en el maduro mercado inmobiliario del primer mundo.
La explicación ya la sabréis muchos de vosotros. Una persona invierte en una sociedad para la construcción de una obra hidráulica en Canadá porque tiene confianza en la seguridad jurídica del país que le permitirá obtener un beneficio en caso de éxito del proyecto. Por el contrario no lo hará en un país del tercer mundo porque teme que una revolución comunista, un golpe de estado, unas fuerzas de seguridad inútiles en evitar los robos o un sistema judicial corrupto le impida poder disfrutar de dichos beneficios.
Ya lo sé. Sí, soy un asqueroso neocon insolidario por no echarle la culpa al capitalismo de la pobreza del tercer mundo. Pero así seguiré siéndolo a pesar de los libprogres. Por suerte, los liberales (vuelvo a osar incluirme) tenemos otras referencias interesantes como
El cato,
libertad digital o
Hernando de Soto.