Siento leer que mi compañero Luis
fuma desde el exilio. No seré yo el que pida a los gobiernos que hagan campañas contra el tabaco, pero sí el que pedirá que se deje de subvencionar su cultivo, que se repercuta el coste real de sus consecuencias sanitarias y que se cumplan las disposiciones legales para el respeto a los no fumadores que ahora son meras notas de prensa sin traslado a la realidad.
Me opongo al tabaco y a la
legalización de cualquier tipo de droga porque soy liberal. Es cierto que los políticos limitan nuestra libertad, pero la limita aún más la dependencia física a una sustancia. Sobre todo porque esa dependencia física nos hace dependientes de las personas que controlan su producción y comercialización. Con la agravante que por lo menos los políticos se tienen que someter a elecciones ante los ciudadanos y las personas que controlan dichas sustancias no. No quiero que ningún político interfiera en mi vida pero tampoco que ninguna sustancia altere mi comportamiento natural. El grado de dependencia que provoca el tabaco está fuera de toda duda y esa dependencia reduce nuestra libertad individual de decidir. Es verdad que hay personas que no les cuesta dejar de fumar pero otras muchas no pueden dejar un habito que consideran les perjudica. Me preocupa más esta limitación de la libertad que se gastan unos cuantos euros de mis impuestos en las campañas anti-tabaco. Ojo, no digo que no este en contra de las dos, pero si tengo que elegir prefiero la segunda.
Luis y todos mis lectores fumadores, os animo a visitar
esta y
esta otra página de El Mundo. Si los mensajes de los políticos para que dejes de fumar no te agradan, aquí tienes el mensaje de un amigo: deja de fumar.