jueves, 10 de febrero de 2005
El secretario general de UGT Asturias ha hecho unas declaraciones en las que critica la estrategia de la Caja de Ahorros de Asturias diciendo que no responde a los intereses de la región. ¡Y estoy de acuerdo! Las cajas de ahorro nacieron como fundaciones privadas para atender las necesidades financieras de un estrato social al que no se dirigían los bancos. No existía competencia entre bancos y cajas. A pesar de ser fundaciones privadas, en muchas ocasiones su capital fundacional fue aportado por administraciones públicas. Este es el caso de la caja asturiana que fue promovida por el Ayuntamiento de Gijón y la Diputación Provincial (hoy comunidad autónoma) lo que trae consigo que estas instituciones tengan una amplia representación en el consejo de administración de la entidad de crédito. Es decir, la presidencia de la caja está vinculada a los avatares políticas como bien sabe el sindicalista.

Cuando las administraciones crearon a las cajas de ahorro lo hicieron para permitir el acceso a los servicios financieros por parte de una capa social, hoy ese objetivo ya no tiene sentido cuando las cajas compiten en el mismo mercado que los bancos. El lobby formado por políticos, directivos y sindicatos nos quiere hacer creer que la gran aportación de las cajas de ahorros es su obra social, a la que van destinados sus beneficios, a pesar de que no se crearon para recaudar fondos para dicha obra. La generalización de las coberturas del estado de bienestar ha hecho que dicha obra social se destine cada día en mayor parte a actividades culturales que muchas veces resultan difíciles de distinguir de sus actividades de marketing.

Esa obra social es equivalente a la labor que realizan las fundaciones privadas como la Fundación Pedro Barrié de la Maza propietaria del 45% del Banco Pastor. Por tanto no existe justificación para que continúe la actual singularidad jurídica de las cajas y se deberían transformar en sociedades anónimas cuyas acciones fueran propiedad de una fundación que hiciera las labores de la 'obra social' de las cajas. El cambio no es baladí porque permitiría las fusiones entre cajas y bancos repartiéndose el accionariado de la entidad resultante entre los accionistas del banco y de la fundación propietaria de la caja. También las cajas podrían cotizar en bolsa si la entidad realiza una ampliación de capital o si la fundación se desprende de una parte de las acciones.

Pero el verdadero fin fundacional de las cajas de ahorro fue el popularizar los servicios financieros. Para recuperarlo bastaría con convertirlas en cooperativas de crédito como las cajas de ahorro. De esta forma se lograría que siguieran que tuvieran como principal objetivo la de prestar los mejores servicios posibles por encima de maximizar los beneficios. Y todo esto sin necesidad que los políticos interfieran en su gestión copando poder en los consejos de administración e introduciendo operaciones de dudosa rentabilidad.

Pero eso no era lo que pedía mi paisano sindicalista. Ambos estamos de acuerdo que en la actualidad las cajas de ahorro no proveen de los mejores servicios en las mejores condiciones a sus clientes y a las regiones en las que están presentes. Pero él lo que quiere es que las cajas de ahorro inviertan en empresas. ¿Para qué? Como sabe que los cargos de las cajas responden fácilmente a las presiones políticas quiere poder trasladar dicha presión a otras empresas. En resumen, propone el renacer de la gestión ‘estilo INI’ en Asturias que tan buenos resultados dio para los sindicatos y tan malos para la competitividad de la economía regional. Y en eso no estamos de acuerdo.
Publicado por coase @ 17:18  | Economía
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