Existe una creencia generalizada en la progresía de que los empresarios son los mayores defensores del liberalismo porque son también sus principales beneficiarios. Nada más lejos de la realidad.
Ya exponía Adam Smith que no confiaramos en la bondad del carnicero o del pastelero sino en su avaricia porque sería la que beneficara al público general. También comentaba que las reuniones entre empresarios fácilmente acababan con acuerdos sobre precios y otros perjuicios para el consumidor.
Un ejemplo de esto lo que encontramos en la sección Asturias del periódico
La Nueva España de hoy. La patronal de la hotelería asturiana pide que el gobierno del Principado no apoye la apertura de nuevos establecimientos. ¿Por qué? Dicen que es necesario para mantener la calidad turística. ¿Qué les hace pensar que los nuevos establecimientos que se hagan vayan a tener menores prestaciones que los actuales? Lo que quieren hacer es limitar la competencia a la que se tienen que enfrentar en su mercado. La patronal defiende los intereses de los "ya instalados" frente a los "nuevos". Y eso va en perjuicio de los consumidores, de la economía de la región y de la competencia.
Para los liberales tanto los sindicatos como las patronales son agrupaciones de intereses particulares que no buscan el bien común de la sociedad. Ambos tratan de alcanzar acuerdos para beneficiar a sus asociados aunque sea en perjuicio del resto de la ciudadanía. Por está razón me molesta el cliché de que defender el liberalismo es defender a los empresarios.
Sería bueno que los empresarios turísticos de nuestra región se preocuparán más de ser competitivos en el mercado nacional y de atraer a más clientes a sus establecimientos en vez de aspirar a poseer una licencia administrativa que les suponga un oligopolio consentido. Todo el esfuerzo que dedican a "convencer a la administración" lo deberían dedicar a "pelear" en el mercado. De esta forma seguro que Asturias mejoraría.